viernes, 17 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-07-31 08:37

Las novelas estimulan la imaginación

“Las novelas estimulan la imaginación y la curiosidad. Una persona que tiene que ser innovadora necesita cultivar estas cosas”, ha afirmado Santiago Íñiguez de Onzoño, decano de la Escuela de Negocios IE, de Madrid.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | julio 31 de 2014

De igual forma el columnista y rector de la Universidad Adolfo Ibáñez, de Viña del Mar (Chile), Andrés Benítez da claves que pueden ayudar en la tarea de convertir a los ejecutivos y líderes en tipos agradables, con diversidad de conocimientos, entre ellas que dediquen tiempo a la lectura de novelas. Estos antecedentes han sido notables entre los ejecutivos americanos, quienes además de su pre-grado, cursan MB en literatura o filosofía. La mayoría de universidades norteamericanas incluyen en su pensum estudio de literatura, historia, filosofía.

Contrasta con nuestros ejecutivos y politicastros criollos. No hay gente más aburrida que cierta clase de profesionales, líderes políticos, ejecutivos de entidades públicas y privadas que hablan tan solo de su “proyecto”, de su “propuesta”. Pasado tan fugaz momento, son seres despreciables, incapaces de abordar temas diferentes a su especialidad, a su soñada envergadura del privilegio de que gozan, tienen además la fea cualidad de no escuchar: por eso nuestros políticos (contadas excepciones) sonríen, abrazan, palmotean y se marchan porque no les interesa la interlocución, son  monotemáticos, se avergüenzan de desnudar su ignorancia sobre lo que ventila el entorno, desconocen lo retratado más allá de su oficina, más allá de los autos blindados, pasada la “reunión” se quedan solos esculcando bajo el techo su egoísmo.

Y pensar que un tonto funcionario de la Secretaría de Educación del Huila respondiera a una propuesta de adquirir novelas para las bibliotecas de las instituciones educativas, que “el libro no se ajusta a los intereses de los estudiantes”, sin conocer el libro, sin haberlo ojeado. Si paseamos por las pírricas bibliotecas de escuelas y colegios, nos encontramos con cantidad de “texticos” promovidos por multinacionales, frívolos, de dudosa calidad, de entrecortado positivismo donde dicen a los niños que sus padres son pobres porque carecen de “Mentalidad positiva”.

Alguien me dijo cuando chico: “Si quieres conocer la revolución francesa, lee a Víctor Hugo. Si quieres saber de la Roma republicana, lee a Virgilio. Si quieres conocer la Rusia zarista, los antecedentes que desembocaron en la revolución de octubre, lee a Tolstói y Dostoievski”. La mejor manera de conocer la sociedad norteamericana es leyendo a Doctorow, a Hemingway, a Faulkner. La mejor forma de conocer el mundo de los japoneses es leyendo a Kawabata, a Murakami, a Akutagawa, a Mishima. Y la mejor forma de conocer nuestra cultura, nuestro ambiente, hasta nuestro comportamiento es a través de García Márquez, de Cortázar, de Rulfo. Apena el tiempo, porque libros que no aparecen en las grandes editoriales, de la literatura regional o local, cuentan con una riqueza imponderable.

Desgraciadamente el modelo educativo, desde el preescolar hasta el postgrado, ha sacado de sus perspectivas la literatura, la novela, la poesía, la ha reemplazado por la frivolidad, el pragmatismo, el tecnologismo, y allí están los  pobres niveles de lectura, allí está el lamentable estado de nuestra educación con bajos calificativos, allí está la cuadrícula de nuestros “Líderes”, y ante eso nuestras autoridades no reaccionan. Miden los libros por el atractivo de la carátula y las láminas interiores, mientras los niños y niñas, hombres y mujeres sucumben en la ignorancia