sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-12-25 10:14

Las navidades y Fidel Castro

Jaime Salazar Díaz

Escrito por: Redacción Diario del Huila | diciembre 25 de 2016

Habiendo celebrado el sábado 24 en familia la Noche de Navidad con alegría y deliciosas viandas preparadas en casa, cayó casualmente en mis manos el domingo un periódico de noviembre que anunciaba la muerte de Fidel Castro en su lecho de enfermo en un hospital de la Habana. Vino a mi mente el duro contraste de los dos hechos: en Cuba desaparecía un dictador y con él una historia triste,  y en el resto del mundo católico, especialmente en nuestra América Hispana, conmemorábamos igual que hace dos mil años, cada año, el nacimiento del Niño Jesús en un pesebre de Belén, símbolo de la esperanza humana. Sin embargo no todos en Cuba disfrutan de esta bellísima tradición por que el fundamentalismo marxista, obsesivo, de Fidel  arrancó de sus manos y de sus espíritus las mas arraigadas y sanas costumbres a ese sufrido pueblo con el cuento de que "la religión es el opio de los pueblos". Cuba, la joya de España en el Caribe, acrisolada en dos razas con una inmensa tradición musical, la española y la africana, que derivó en un hermoso arquetipo humano poseedor del encanto caribeño la música y el talento de intelectuales y poetas, honra y prez del hombre latinoamericano, se vió despojado en un volantín de la Revolución Castrista de su mejor capital: sus tradiciones religiosas y culturales. Recuerda ese fundamentalismo político al religioso que ahora asola el oriente cercano y de manera cruel amenaza a Europa: el Estado Islámico. Pero las noches, aunque muy largas algunas, no son eternas. Desaparecido Fidel y próximo a ceder el "trono" su hermano Raúl, confiamos con optimismo en que el inteligente gesto de Barack Obama, extraordinario Presidente norteamericano, de abrir la ventana comercial, turística y sobretodo tecnológica, permita airear inexorablemente a la vetusta clase dominante de Cuba y entre a reverdecer las  potencialidades del pueblo cubano. Debe este pueblo entonces, con la larga y dolorosa lección aprendida, no entregarse tampoco en los brazos dorados de un capitalismo salvaje que con cantos de sirena intentará apoderarse ahora de sus noveles empresas, sino encontrar su propio camino que valore la educación de los jóvenes para que su futuro no quede hipotecado a intereses extranjeros, no siempre santos, sino que sean los propios cubanos los protagonistas de su destino. Estas consideraciones y malos recuerdos le caen también como anillo al dedo al pueblo venezolano, manejado ahora desde un celular ubicado en la Cuba comunista, a través del tontarrón de Maduro y con la anuencia inconfesable de los Diosdados y de algunos "generales" corruptos. Manes de las revoluciones idiotas.