jueves, 16 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-02-26 06:38

Las momias y fantasmas de Calderón Molina

Por Edgar Artunduaga

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 26 de 2015

Ninguna culpa tiene el señor Gabriel Calderón Molina que su hija se hubiera casado con Julio César Triana, pequeño político regional, de quien desnudé en columna anterior su estrecha relación –de compadrazgo y compinchería- con el abogado Márlon Rivera Castro , investigado por sus relaciones con narcotraficantes.

Pero, como suele suceder, salió vocinglero y desaforado a atacarme, sin negar las andanzas del yerno, muy aventajado en la turbiedad de la política, baquiano en los andurriales de la corrupción.

Voy a ser indulgente con el candoroso señor Calderón y no me detengo en las razones de su salida abrupta de la alcaldía de San Agustín, como tampoco en sus desdichas personales y frustraciones burocráticas y políticas.

Me permito comentar –no para él que tiene sesgado el criterio y atormetada el alma- que varios años después de la lamentada muerte del exministro Lara Bonilla, Ordóñez y otras personas nos asociamos para licitar una emisora en Pitalito.

Calderón cita a Ordóñez –“como arma arrojadiza, como bala humana”- para denigrarme. Al señor Ordóñez no le parecía deshonrosa nuestra sociedad y fui objeto –junto con otros laboyanos- de amables y públicas atenciones.

Sobre Virginia Vallejo, que llegó a ser muy destacada en la televisión nacional, debí retirarla del noticiero de Arturo Abella, ganándome por siempre su animadversión.

Así las cosas, nada oculto ni me retracto de lo actuado en el llamado caso Lara, aunque deploro el triste final del personaje.

En cambio sí me sigo ocupando de la corrupción política del Huila, bastante extendida y temeraria, al parecer con el apoyo de brazos armados.

Es posible que el señor Calderón Molina –a quien veo con frecuencia en las páginas sociales en medio de un par de momias (su fuerte son las reliquias de San Agustín)- se invente entelequias y fantasmas, torturado por las actuaciones sospechosas del yerno.

-Usted no tiene la culpa, Gabriel.

-Y yo tampoco.

-Ni usted tiene la obligación de defender a Triana, como sí tiene que hacerlo Margarita con el alcalde Suárez, por la mudez conocida del funcionario.