Las inefables
“Con el fin de avanzar en la reparación de 791 hechos violentos del “Patrón”, desde hoy 8.700 víctimas directas e indirectas de violencia sexual se reúnen en Santa Marta durante tres semanas para encarar a sus victimarios” (El Tiempo, 14 de julio, 2014).
La noticia trazada a cordel como una calle cualquiera, registra lo que Colombia por sabido, se traga. Pero sucede que ésta es una información que chorrea y aúlla; historia de una vileza que se sale de madre. Como esos episodios truculentos donde las víctimas se extinguían aterrorizadas entre el polvo y el silencio de paredes levantadas en su entorno a manera de losas sepulcrales, la violación sexual sigue ocurriendo, depredando, infamando por igual.
El ex capo paramilitar Hernán Giraldo alias “El Patrón” y sus angelitos, integrantes del Bloque de Resistencia Tayrona, se tomaron como patio de recreo la Sierra Nevada de Santa Marta para caer sobre niñas y adolescentes como fieras en celo; una horda de crueldad nunca vista se ensañó, con la complicidad de las autoridades, en las mujeres indefensas. Las violaron masivamente, madres, padres, compañeros e hijos fueron obligados a presenciar el espectáculo. La alimaña humana se abrió como una flor carnicera y engulló entre palabrotas y aullidos, piel de mujer, carne, huesos, tripas de mujer para luego tirarlas a la calle como una pila de basura o una piltrafa sanguinolenta.
Como producto del abuso, muchas de esas mujeres dieron a luz hijos de Giraldo o de sus hombres. En el caso del primero, la Fiscalía documentó más de cincuenta casos de niñas que fueron abusadas sexualmente y al menos 24 de ellas tuvieron hijos suyos. Y como si esto fuera poco, muchas de ellas se sienten culpables por alejarse del hijo que les recordará siempre el momento en que Dios miró para otro lado.
Esta noticia aparece en los medios con la parquedad de un aviso clasificado. Estadísticas y cifras, cifras y estadísticas; un cuarto de página en el diario del día forjado en el molde conocido. Más espacio para la radicalización de los nacionalistas judíos en el conflicto palestino israelí o para las jugadas de Edward Snowden que para este cáncer que parece haber hecho metástasis en el corazón del país.
A la costumbre no se le piden cuentas. Es una pócima donde se mezclan la magia y la recurrencia con el poder de la irracionalidad. La mujer violada es un fantasma. Y los aparecidos son masas gaseosas. No sienten ni aparecen como sujetos de derecho. Al abismo de las perversidades humanas no tenemos acceso porque lo subestimamos o tememos. La violación sexual, inmemorial y cada día mejor alimentada, es el mentís más contundente a la virilidad masculina y por ahí deberíamos empezar. El macho humano tan jactancioso de sus hazañas testiculares, tan perfumado y docto, cibernético y majo, debería haber aprendido que la hombría es uno de los sellos más exigentes. Muchos machos, pocos hombres en esta aventura donde la mujer no termina de pagar haber sido creada tan poderosa y vulnerable a la vez.
