Las evidentes calles
Por Ernesto Cabrera Tejada
Las calles nos hablan sobre la sociedad en que vivimos, nos permiten evidenciar que tipo es la nuestra. Podemos ver allí cómo responden las autoridades en cada caso; cómo se comportan cuando no las vemos; contra quiénes imponen su fuerza y a quiénes se esfuerza por mantener a salvo.
Las respuestas afligen cuando pensamos en nuestra ciudad y caminamos las céntricas calles y vemos lo que todo eso nos dice sobre quienes nos gobiernan. Falta autoridad, pero más que ello falta conocimiento y decisión y sobra politiquería; ello conduce a todos los males posibles.
Como sociedad de espectadores nos corresponden estas ausencias de justicia y esta política del espectáculo. Los dislates que se dicen desde los micrófonos públicos son la idea de que un gobierno tiene derecho a apropiarse y a devorar al Estado. Lamentablemente este absurdo tiene posibilidad y existencia por la complaciente repercusión y la limitación de conciencia colectiva en la que ocurre.
En ese caminar las calles céntricas, el paisaje es tan oloroso a desorden y es tan recurrido y sostenido por una cultura de comprar que hasta el comercio formal ahora no espera a sus clientes adentro sino que se salió a buscarlos a la calle atiborrando paseos y andenes. Almacén de cadena en la avenida quinta que extiende por varios metros tendales de pésima imagen y contra mínimas normas de ordenamiento. Consignatarias de vehículos y motocicletas parquean, exhiben y negocian allí en medio de cientos de ambulantes vendedores de alimentos sin mínimas condiciones de higiene.
Los espectáculos públicos -bien recibidos- se toman paredes, postes, bancas y muros en calles para inundar con afiches de promoción. La gente tropieza, no pasea, y el colmo en plena calle de sector residencial adyacente al centro un camión de gaseosa local es lavado en su totalidad.
Pueden los gobiernos y sus secretarios hacer algo más que política, puede el comercio organizado hacer algo más por esas calles que son las suyas y las de todos, podemos todos de alguna manera hacer algo más –dejar de comprar, cuidar y prevenir- , seguramente a quienes se atrevan a invitar a transformar el agradecimiento será un madrazo. Que vaina en las calles se la echan a todos y por todo. Vale la pena intentarlo.
