viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-04-05 08:48

Las dos colombias

Nuestro país tiene la gran virtud de estar dividido por castas sociales, donde los problemas se resuelven según la franja de unos o de otros, y los asuntos y conflictos sociales se dirimen según los intereses de los potentados en cada instancia.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 05 de 2014

Nuestro país se divide entre la VIOLENCIA Y LA PAZ. Y socialmente se divide entre potentados y miserables. Entre burócratas y siervos de la gleba, para retornar al viejo lenguaje sociológico de antaño. Lo que es lo mismo, la franja de los Buenos y de los Malos, donde la violencia de los ricos contrasta con la paz de los pobres. 

Vienen a mi memoria muchos hechos que tienen que ver con la criminalidad, entre ellos, las que siempre han sido permeadas por las consecuencias sociales del entorno, en el tiempo y en el lugar que acontecen, como por ejemplo las formas como miserablemente se realizaron grandes redadas en las que se pregonó un proceso de limpieza social, y los muertos aparecían con carteles en sus pechos o muchas veces, con leyendas que explicaban la causa de su muerte.

En la provincia de Garzón, hemos de recordar el caso de la loca Mariela, donde la Justicia, no tuvo las agallas y la capacidad de condenar a los verdaderos responsables de dicho acto, a pesar de que la voz popular sabía quiénes eran sus autores. Fue un asesinato agravado, donde luego de ser retenida y trasladada hasta las afueras del pueblo, esta mujer fue víctima de un esparcimiento en su cuerpo, en sus partes íntimas de ácido de batería, luego de haber sido accedida sexualmente o torturado su cuerpo en dichas partes, de eso hace más de veinte dos años, que se tuvo noticia y reinó la impunidad. 

Hoy, el país observa esa ola creciente de psicópatas que se han dedicado a lesionar con este procedimiento, sin que se pueda advertir un camino hacia la reconstrucción de los principios y de los valores éticos y morales de las gentes, y la gran mayoría de estos hechos que se suceden, quedan en el silencio, en la impunidad y no trascienden el escenario público.

Pero la Colombia de hoy, tiene otros móviles para que el sensacionalismo de los medios de comunicación haga justicia, y se ponga de parte de unos y en defensa de otros. O acaso nuestra violencia institucionalizada, no es otra cosa que un desbarajuste donde la mediocridad de los procesos judiciales, terminan por enseñarnos que no podemos confiar en nuestras organizaciones sociales y que no tenemos retorno?

Por qué trascienden unos hechos criminales y abarcan toda una estrategia con grandes bufetes de abogados que se dicen los más costosos del país, para enfrentar un proceso que la Justicia, no sabe cómo resolver y cómo la política heredada del señor Uribe, sobre delación y recompensas, ha servido por el contrario para dilatar los procesos, enriquecer a unos pocos y generar grandes procesos de falsos positivos judiciales, sin que haya solución a la dinámica creciente de la delincuencia en nuestro país.

Y todavía tenemos la desfachatez de pensar que un proceso de paz con una fracción alzada en armas, es el único camino para la reelección presidencial, en tanto que nuestras comunidades se desangran con la violencia callejera, con el hurto, con los ataques con ácido, con la justicia por propia mano o con el sicariato, como formas perfectas de hacer lo que no es capaz de hacer el Estado Social de Derecho? Dónde terminará este caos, si el Gobierno es impotente e incapaz y no tiene un camino o una meta, fuera de la reelección para la corrupción, como ha sido el reiterado y ejemplar camino de la clase política colombiana, sin excepción?.