domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-09-14 08:15

Las dos caras de la moneda

Gloria Cepeda Vargas

Escrito por: Redacción Diario del Huila | septiembre 14 de 2016

Es una moneda de dos caras antagónicas la que rueda en Colombia en este momento. Acá, Nairo Quintana, llevándose por delante el mundo en un espiral de fuerza y belleza que nos hace sentir de verdad, verdad, “orgullosamente colombianos”, como dicen por ahí.

Allá, un rostro carcomido por la erosión que causan los tornados del alma: la faz del doctor Alejandro Ordóñez, conspicuo personaje de mitra y chaleco y hasta hace poco ambivalente procurador de la nación.

Ambos son colombianos, varones de pelo en pecho y visibles figuras que sostienen el andamiaje noticioso de los últimos días, pero eso sí, cada uno en su esquina, tal como debe ser.

Colombia es un país de contrastes hasta en el fenotipo. Las características externas de estos dos compatriotas parecen ubicarlos en polos opuestos, en el amor y el odio, en la síntesis y el análisis. Acá, un individuo que hace quedar “como un zapato” a las cacareadas formaciones cristiana y hasta universitaria. Un extraño espécimen todo agallas, totalmente cegado por sus inconfesables humores fisiológicos, quien, cabalgando en ese corcel engañoso que se llama prepotencia, arriba al ridículo afirmando que su destitución “es el resultado del primer pacto entre las FARC y el gobierno”.

En el envés de la moneda, un muchacho de origen campesino, producto genuino de la tierra boyacense, quien a fuerza de erguirse contra el viento, pone a corear el nombre de Colombia en exigentes tierras extranjeras. “Un genio”, como acaba de calificarlo su entrenador, crecido en humildad y merecimientos.

Lo grave de todo esto es confirmar que Ordóñez se vale de la ignorancia ancestral (que no es lo mismo que la ignorancia académica), para imponer sus caprichos a un considerable porcentaje de la sociedad colombiana. Cada quien conoce la dosis de religiosidad que necesita para ser. Pero es criticable que alguien esgrima su imaginería o ritualidad católicas como única carta de presentación cuando de ejercer influencias se trata.

¿Sería mucho pedir que intentáramos hacer un alto en esta loca carrera de vanidades y eufemismos tan rimbombantes como inútiles, los cuales no han hecho más que torcernos la brújula? ¿Que tratáramos de entender dónde estamos, qué somos y para dónde vamos?

El problema de este país-mártir consiste en eso que llaman inequidad social, lo que en plata blanca significa la falsa concepción de lo que vale la pena defender y aquerenciar. Más que leyes, arengas o mascaradas, entendamos que solo nos hará trascendentes una actitud humilde y firme, es decir, cónsona con nuestra pequeñez y desamparo.