viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-04-10 07:57

Las disputas criollas

En este tiempo, en Colombia, se han radicalizado las posiciones por la competencia electoral a la presidencia de la república. Es claro que las fuerzas de poder se ponen en contravía, no por disputas domésticas, sino porque en el fondo persisten las mismas posiciones que llevaron a la violencia Liberal-Conservadora del siglo pasado.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 10 de 2014

En el fondo, sin que el común de la gente lo sepa, son las mismas disputas que no borraron dieciséis años de reformas del Frente Nacional y los gobiernos consecutivos, ni la constitución de 1991 que en palabras del expresidente Gaviria era la “Bienvenida al futuro”. Las causas que provocaron tal enfrentamiento, a 70 años de sucedido, están vigentes, y las fuerzas permanecen en disputa con amenazas más profundas que las que representan las mismas organizaciones armadas que coexisten en la impunidad y la criminalidad: Las FARC, el ELN, los grupos de autodefensa privada.

Las posiciones cada día se delimitan más: Por un lado, los amigos del presidente Santos defienden la seguridad urbana por su interés de desarrollo industrial y de servicios, para permitir la concentración de mano de obra barata; por otro, el expresidente Uribe (no sé por qué muchos se ensañan en llamarlo presidente)  y sus amigos propenden por la seguridad rural, van por la tierra. Agroingreso seguro fue un engendro para concentrar la tierra. Su interés está en el monopolio de grandes extensiones.

Se puede afirmar que son dos visiones diferentes del sentido económico, pero ambas para proteger capitales particulares. Ambos desde una arrogante posición de derecha intentan proteger grandes monopolios. Esas dos posiciones pueden volverse peligrosas, agresivas, y poner en sándwich a la inmensa mayoría de la población que ante el menor agite de un trapo toma partido y puede tomar las armas con total intolerancia.

Está claro que el argumento dialectico de la lucha de clases ha entrado en desuso, como sin duda lo estuvo siempre. Se enfrentan intereses muy delimitados que no pueden coexistir. Las fuerzas de poder lo que menos les interesa es el beneficio colectivo; su ensañamiento está por la acumulación desbordada de capital. Cada bando tiene una percepción particular de cómo lograrlo, y ese fin es el causante de la guerra que nos ha costado y nos seguirá costando tantos muertos. En fin de cuentas la afrenta se ha presentado por la tierra, como principal elemento de interés económico.

De allí que la pelea Santos Vs Uribe no es caprichosa. Ni siquiera es por el interés nacional. Cada uno representa lo que en Colombia han representado las dos vertientes ideológicas más recalcitrantes, que se juntan según las conveniencias y se separan cuando hay asomo de que una está pisando el mojón del otro. Ambas han impedido una reforma agraria radical, que provea tierra productiva a los campesinos, que saque de la pobreza absoluta a una inmensa franja de la población, que vuelva competitiva la actividad en el campo. Ambos necesitan del flujo permanente del sector rural al urbano,  para que haya un camino expedito y poder asentar sus más caros intereses: monopolizar la tierra; tener mano de obra barata.