Lara, in memoriam
Hoy se cumplen 31 años del asesinato de Rodrigo Lara Bonilla.
Un ilustre hijo de Neiva, que se destacó por su carrera política y por su vertical lucha contra el narcotráfico.
38 años año le bastaron para tener una destacada hoja de vida pública, carrera profesional en la política que fue truncada por los asesinos de Pablo Escobar.
Fue alcalde de Neiva a los 23 años. Estudió derecho en la Universidad Externado de Colombia. Años después se unió al partido Movimiento Revolucionario Liberal, fundado y dirigido por el expresidente liberal Alfonso López Michelsen.
Ejerció cargos diplomáticos en París, luego regresó a su país y tener una ascendente carrera política, siendo elegido concejal, diputado, representante a la Cámara y senador de la República.
En agosto de 1983, Rodrigo Lara, quien pertenecía al Nuevo Liberalismo, movimiento político creado por Luis Carlos Galán, fue nombrado ministro de Justicia por el presidente Belisario Betancur, desde donde libró una lucha frontal contra los carteles de la droga, sobre todo el de Medellín, que era liderado por Pablo Escobar. Igualmente cuestionó el puesto de suplente de la Cámara de Representantes de Pablo Escobar, demostrando su vínculo con el negocio del narcotráfico y la infiltración en el deporte. Esto desencadenó en una trampa montada por algunos políticos, narcotraficantes y periodistas quienes se veían en peligro por el gran crecimiento de Lara Bonilla en el Gobierno y sobre todo en la lucha contra el narcotráfico. El presidente Belisario Betancur mantuvo a Lara en su cargo.
Escobar intentó defenderse vinculando a Lara con el capo Evaristo Porras del cartel del Amazonas, pero Lara, negando el vínculo, desacreditó a Escobar destapando más sus actividades delictivas. Escobar fue expulsado del Congreso y su visa a Estados Unidos fue cancelada.
El ministro revivió viejos procesos penales contra Escobar. Durante su ministerio ordenó el decomiso de centenares de avionetas y de propiedades, que eran presuntamente utilizadas para la producción y distribución de sustancias alucinógenas. Todo esto terminó en un profundo odio de los carteles hacia Lara Bonilla, que más adelante se materializó en una venganza fríamente calculada en la que la única víctima fue Rodrigo Lara Bonilla.
Hoy, 31 años después de su muerte, muchos amigos del líder huilense, lo recuerdan como un digno representante de la moral y las buenas costumbres. Es por esto que lo seguiremos recordando y exaltando su nombre, como un acto de dignidad para que perduren por siempre los valores y el bien común que tanto defendió Lara Bonilla.
