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Opinión/ Creado el: 2017-04-04 08:55

La visión pesimista del país alimentada con mentiras

Pedro Arias

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 04 de 2017

La estrategia de utilizar las redes sociales para difundir toda clase de mentiras e inexactitudes contra los adversarios intelectuales o políticos ha rendido los frutos de ese árbol ponzoñoso: el país ve con pesimismo su futuro; la popularidad del presidente Santos está en su punto más bajo, sin importar las cosas buenas que haya ejecutado su gobierno; los corruptos se apropian de las campañas para moralizar al resto de los colombianos; a muchos los han convencido de que, con Santos como Presidente, vamos a todo galope rumbo a Venezolarizarnos, que debemos oponernos al proceso de paz y firmar una solicitud a la primera ministra de Noruega para que despojen a Santos del premio Nobel de la Paz y así, sucesivamente, podríamos seguir con las letanías de las paradojas colombianas.

No sería sensato negar la realidad de las malas noticias como el descrédito de los políticos y de las instituciones por los escándalos de corrupción al más alto nivel y a gran escala, la desaceleración de la economía, las dificultades en la implementación del acuerdo con las Farc y el incesante ataque, por las redes sociales, de toda clase de infundios y mentiras contra Santos y su gobierno, además de fotos y videos de delitos cometidos en las calles, que aumentan la percepción ciudadana de inseguridad, a lo que no le falta sustento. 

El sábado, apenas conocida la tragedia de Mocoa, un senador del Centro Democrático culpó a las Farc de la avalancha. Daniel Cabrales dijo que había sido provocada por "dinamita explosiva". Luego se retractó.

En lugar de estar tratando de captar adeptos a la causa por medio de la falacia y el temor al castro-chavismo, lo que debemos hacer es buscar una perspectiva para evaluar los hechos en forma realista, de tal manera que trascienda el fatalismo reinante y que tenga un sentido equilibrado que ayude a mejorar esa perspectiva. También es buena la idea de “poner en la balanza los sucesos negativos y los positivos y, por último, de advertir sobre la inconveniencia del pesimismo como estrategia de acción política”.

Colombia ha sabido sobreponerse a situaciones políticas mucho más complejas y difíciles y este no es el primer momento de nuestra historia en el que coinciden varios hechos negativos, pero también, y como contrapeso, se han registrado otras noticias positivas que sirven para contrarrestar el negativismo pesimista que han logrado crear las mentes perversas que utilizan las redes sociales, con una hábil manipulación de las emociones de la ciudadanía, para tratar de torpedear lo que se ha alcanzado con los acuerdos de paz.

No se habla por ejemplo, de las marchas de las Farc rumbo a las zonas veredales de concentración, hecho al que se suma la inminente entrega a la ONU de más de 7.000 armas de esa organización. Tampoco se habla de que las Farc ahora apoyan los programas de sustitución de cultivos ilícitos. Ya no pueden proteger esa actividad, tienen que ayudar a desmontarla. Esto requiere recursos del Estado y de los países cooperantes para financiar proyectos productivos alternativos, hacer vías y, por un tiempo, darles subsidio a quienes sustituyan sus cultivos ilícitos.

Las Farc cometerían un grave error frente a Colombia y al mundo si incumplen. Uno de los grandes logros del proceso de paz, y así lo ha entendido la comunidad internacional, es ayudar a disminuir el problema de la producción de la droga.

En cuanto a la marcha de nuestra economía, dice el ministro de Hacienda en una entrevista del domingo pasado con Yamit Amat: “Ya pasó lo peor. No es el momento para el pesimismo. Este año será clave para sectores importantes como la infraestructura, la vivienda, la construcción de aulas escolares, que impulsarán el aparato productivo. Eliminamos los aranceles a todas las materias primas y la maquinaria no producidas en el país. La tasa de homicidios este año va a ser la más baja desde 1970, algo de lo que se debería hablar más, pues representa la nueva Colombia”.

Recordemos las declaraciones hechas por el “hacker” Andrés Sepúlveda ante la Fiscalía que revelaron las tácticas utilizadas para desinformar a todo el país y las nuevas formas y modelos, para distribuir mentiras dañinas o la verdad tergiversada para que los hechos aparezcan, con matices de credibilidad, a fin de deformar la opinión de los lectores ante los sucesos. O para atacar, sin fundamento, a diestra y siniestra al que se atraviese.

Si somos rigurosos en el análisis de la situación de Colombia debemos reconocer varios hechos positivos, por ejemplo, la baja de la tendencia en las cifras de homicidios, la reducción de los índices de la pobreza, el efectivo crecimiento de la clase media, el mejor desempeño de nuestros alumnos en las pruebas Pisa, el comportamiento de nuestra economía, como dice el ministro Cárdenas, que ha sabido sortear los vientos en contra y que si la comparamos con la de los vecinos, resulta mucho más exitosa.

Debemos reflexionar sobre el impacto de ciertas afirmaciones y distorsiones, muy en boga por estos días, que provienen de ciudadanos comunes pero también de líderes de opinión o de altos funcionarios y que a través de las redes sociales emiten feroces juicios que en muchos casos pasan por alto la verdad o simplemente la matizan, para cosechar el aplauso de los intonsos que reaccionan a la emotividad del mensaje y no a la sana lógica, y que dejan muy poco espacio para la deliberación y el análisis.

El fatalismo y el pesimismo sembrado con mentiras pueden producir efectos políticos a corto plazo, ya que apelan a los temores de la gente y ayudan a movilizar electores, pero a largo plazo los que están sembrando vientos van a cosechar tempestades.

El país merece una buena dosis de optimismo realista y aterrizado.