viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-06-03 09:24

La Verdadera Paz se Escribe con “Z”

Hace cuatro años elegimos a Juan Manuel Santos para que continuara con las políticas de seguridad democrática y confianza inversionista. Lo elegimos además para que terminara asuntos inconclusos en materia de educación, salud y justicia.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 03 de 2014

Y nos agolpamos a votar por él porque votar por Mockus era un salto al vacío. Desafortunadamente para los Colombianos que votamos por Santos el salto al vacío resulto ser él. No continuó con el legado. Tenía  un mandato claro, de continuidad, para seguir construyendo sobre lo construido, pero decidió no continuar con las políticas con las que se eligió, se puso a negociar a espaldas del país con las FARC y nada hizo en educación, salud y justicia. Posteriormente, enceguecido por buscar la paz a cualquier costo y sin condición alguna, se alineó con Chávez, Maduro, Castro, la Marcha Patriótica, los Progresistas y la UP. Y por si fuera poco todo lo anterior, politizó el proceso de paz, afanando la firma de acuerdos parciales y vacíos y poniendo a los funcionarios de su Gobierno a participar en política hablando de paz, su único programa de Gobierno. Santos, como él mismo lo ha dicho, “no juega con la paz sino que se la juega por la paz”.  Sin duda, en su afición de jugador de póquer, se la juega por la paz y juega con el país de una manera irresponsable y ligera con un proceso sin garantías y sin condiciones, sin que haya un verdadero compromiso de las FARC demostrado en un cese al fuego unilateral y permanente, para intentar llegar a una paz quimera, sin justicia y con la participación política de los miembros de las FARC responsables de crímenes de lesa humanidad.  Todo esto es inaceptable. En realidad, el proceso de paz debe estar sujeto a condiciones de cumplimiento para las FARC, que le den confianza a los Colombianos, y los compromisos y acuerdos que se pacten, deben beneficiar al grueso de la población y no deben comportar la modificación de los principios democráticos, como lo son el respeto a los derechos adquiridos, la propiedad privada, la libertad económica y de escogencia de oficios, la libertad de prensa y el derecho soberano del Estado de hacer cumplir la constitución y la ley en todo el territorio. El proceso de paz debe ser manejado responsablemente y sin agenda, salvo a la del beneficio del grueso de los Colombianos, y debe culminar en una paz para todos con el control total y efectivo del Estado Colombiano de las armas y el territorio. Estamos entonces antes dos visiones diferentes del proceso de paz y la propia paz. Una, la de Santos, atrapada en el mismo proceso y claudicante ante las FARC, con el afán político de sacarla adelante a cualquier costo y amarrada a los  compromisos con los nuevos amigos de la izquierda anarquista, que sin duda rendirá al Estado Colombiano ante la impotencia de los ciudadanos de bien. La otra, la de Zuluaga, con raíces profundas en el estado de derecho, con el cumplimiento de la constitución y la ley, con las condiciones mínimas para adelantar el proceso, con un análisis profundo de lo acordado, para saber que es aceptable y que no, y con la garantía de que el proceso y la implementación de lo que se acuerde será responsable y sin agenda, salvo la del beneficio de todos los Colombianos, con cárcel para los terroristas y sin participación política para aquellos que hayan cometido crímenes de lesa humanidad. Esas son las dos visiones del proceso y de la paz. Por ello, debemos votar por la verdadera “PaZ”, no la “PaS” de Santos, sino la “PaZ” verdadera de Zuluaga que se escribe con “Z”.