viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-04-01 08:33

La valía de ser alguien

Que nuestro país haya ocupado en 2012 el puesto 62 dentro de 65 países, convirtiéndose en la segunda peor puntuación de Latinoamérica en calidad educativa, como lo reveló recientemente el Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, en inglés),

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 01 de 2014

es un vergonzoso resultado que más allá de los indicadores de medición, las comparaciones con otros países y las evasivas de los representantes del Ministerio de Educación, merece profundos cuestionamientos. 

Nuestros ascendientes solían aconsejarnos: “estudie, para que sea alguien en la vida” como si no fuéramos alguien desde que nos concibieron; como si cada estudiante no fuera un ser único e irrepetible. Al niño y al adolescente no les estamos facilitando la posibilidad de elegir y en cambio les damos un cúmulo de conocimientos que sin consultarles nos parece que son los adecuados. ¿Para qué nos sirvieron, por ejemplo, a algunos profesionales los conocimientos de cálculo, física, química y trigonometría que, como en una fábrica de educandos, nos fueron dados en cajones de repetitivos contenidos?

Se nos sigue haciendo creer que los que obtienen las mejores notas en matemáticas y las ciencias son los más inteligentes, los de mayor futuro; mientras tanto, se desatienden los talentos tempranos musicales y artísticos e irónicamente se menosprecian la ética, la religión, la cívica, la filosofía y la comunicación que sirven para asumir mejor los retos existenciales.

Se predica que el centro de la educación es el niño, pero la enseñanza sigue manejada por un mundo de adultos sordos que coartamos a los menores su posibilidad de opinar, de elegir, es decir, de ser ellos mismos, porque es los que prefieren hacer, porque con ello se sueltan a sus sueños y a sus exploraciones infinitas.

Dolorosamente hay escuelas como meras guarderías de niños sin trabajadores sociales, psicólogos o religiosos que capten lo que ellos sienten y ambicionan. Y hay padres que descargan a los hijos lo más temprano y rápido posible en el mini-jardín, la escuela y el colegio. Si acaso les preguntan, “¿cómo te fue?”, “¿qué aprendiste?”, rara vez les dicen “¿cómo te sentiste?”              

Más que normas, notas, premios y castigos, se necesita humildad, observación y amor, para cuidarles al niño y al joven su derecho a ser alguien en la vida desde que nacen y no cuando a nosotros, los padres y educadores, nos parezca.

Algo muy grave está pasando. ¿Ha fracasado nuestro sistema educativo?