viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-05-07 08:01

La utópica calidad

Hoy en América Latina y en concreto en nuestro país, estamos atiborrados del tema de la CALIDAD.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 07 de 2014

Entró la moda de hacer cursos costosos, para obtener el  CERTIFICADO DE CALIDAD. Ya encontramos un buen número de empresas del sector privado y del sector público que se jactan de estar CERTIFICADAS. La cultura de la CALIDAD entró en Colombia, proveniente del Japón, por la década de los noventa. Por todas partes se oía hablar de la CALIDAD.  En un país tropical como el nuestro, todo ha quedado en buenos deseos. Se piensa que con la certificación, ya hemos llegado a la cultura de la calidad, ¡mentira! Seguimos siendo los mañosos de siempre. Las manías del clientelismo y de la corrupción, sobre todo en el sector público, parecen un pulpo de muchas cabezas; si se extirpan unas, aparecen otras. Mientras no se cambien las conciencias de los hombres, todo quedará en letra muerta. A este país no lo cambia nadie. Tiene una herencia cultural de trampa y de engaño que para llegar a ser verdaderamente competitivos faltan años luz. Los países nórdicos son modelo de calidad. Pero aquí seguimos buscando privilegios y excepciones. La diferencia de salarios entre los funcionarios de las altas Cortes y de los altos funcionarios del Estado, frente al común de los ciudadanos, es abismal. ¿Quién reforma al que debe reformar la Constitución y las leyes? Hay tantos intereses, que me declaro derrotado frente al colosal monumento al mal. Sólo pido que la justicia divina se manifieste de alguna manera. Como van las cosas, ser cristiano es un delito. La confesionalidad de los cristianos “lesiona” las conciencias de los no cristianos (si es que tienen conciencia). Ya están apareciendo nuevas formas de coliseos romanos.

Los fallos están amañados; las decisiones están condicionadas a intereses partidistas y económicos. El mejor caldo de cultivo para que haya una revolución es la permanente injusticia en todos los estamentos de la sociedad. A pesar de tantas reformas que se cacarean a todos los vientos, el Estado sigue siendo paquidérmico, la malla vial es un desastre, la salud anda por el piso. El ciudadano no es atendido por los estamentos de la función pública. Hay un abismo entre lo que se dice y lo que se hace. Se dan informes de éxitos logrados. Sin embargo la movilidad es un desastre. Usted en plena cebra es atropellado por los autos; la contaminación visual es gigantesca. Los colombianos pagamos una cascada de impuestos. Cada gobierno vive presentando una reforma tributaria, pero los impuestos no se ven. Hay obras inconclusas y otras que no eran prioritarias. Es la improvisación total.

Cuántos pleitos pierde el Estado por la mala administración de los funcionarios y no pasa nada. ¿Quiénes pagan esas demandas perdidas? Pues nosotros los contribuyentes. La educación está en el más bajo rendimiento. Quedamos de últimos en las pruebas PISA. Ahora todos son derechos, se acabaron los deberes. Los estudiantes mandan más que los profesores, los hijos más que los padres. Ahora gobiernan las minorías. Se jura en nombre de la Constitución, poner a Dios como testigo de la verdad, es un irrespeto a los no creyentes.