La tugurización del desierto
Luis Alfonso Albarracín Palomino
Tuve la ocasión de acompañar a un grupo de académicos que trabajan en algunas universidades de Bogotá, a conocer el atractivo turístico del Desierto de la Tatacoa, declarado Parque Natural Regional en el 2008, que obtuvo el máximo galardón ambiental internacional, Conciencia de Biosfera “José Celestino Mutis, que fue recibido por la entonces gobernadora, Cielo González Villa en la ciudad de Cádiz España. Dicha visita, me dejó muy desilusionado con mis colegas, por el deterioro paisajístico y por la definición de la falta de una política pública de la administración municipal de Villavieja, para fortalecer el turismo al mejor tesoro guardado en el mismo, que lo conforman sus bosques secos tropicales. Ingresando al mismo, encontramos unas instalaciones donde se encuentran una finca con marraneras, que están ocasionando nauseabundos olores y una contaminación visual y ambiental del paisaje. Otro elemento que les causó una desagradable impresión a estos ilustres turistas, fue encontrar en las escaleras que conducen al observatorio astronómico (que de eso no tiene nada), donde encontramos heces fecales, que degradan este lugar. Pude detectar que el desierto se ha convertido en un territorio donde se han loteado, de manera desordenada, sin ninguna planificación. Recordemos que el Acuerdo 017 de 2008, emitido por la máxima autoridad ambiental del departamento, declaró 56.576 hectáreas de esta región, como una zona protegida. Este ecosistema está sometido a una serie de presiones, resultado de las actividades humanas desarrolladas en una zona frágil, con características de región semiárida, que ha potenciado los procesos de desertificación, degradación de sus suelos y agotamiento de los recursos hídricos.
Se han instalado diversos negocios de ventas ambulantes de comidas y bebidas alcohólicas, que se expenden sin controles sanitarios. Existe una proliferación de moscas e insectos que ponen en riesgo la salud de las personas que se atreven a consumir dichos alimentos. Además, no es justo que se cobren altos precios por estos alimentos. Por ejemplo, el costo de una cerveza que supera los 6 mil pesos, por encima del precio de lo que cuesta una bebida de éstas, en el mejor hotel de Colombia. Otro elemento que pude detectar, es la cantidad de basuras que se encuentran diseminadas por el área desértica. Algunos sectores, se han convertido en un centro de consumidores de sustancias sicoactivas, que producto de la falta de presencia de la fuerza pública, se puede convertir en un foco de inseguridad para los visitantes, sino se toman los respectivos correctivos. El gobierno departamental, junto con la Cam, tienen previsto adelantar un plan de inversiones en los próximos años, para mejorar las condiciones de infraestructura, que conduzcan a preservar ambientalmente el principal atractivo turístico que posee el norte del departamento.
