La tregua unilateral de las Farc
Por Julio Cesar Triana Quintero
Hace unos días escribí en ésta columna sobre los engaños de EMGESA con ocasión del llenado oculto y “sorpresivo” del Quimbo. También advertí sobre el presunto engaño de que fue víctima el Gobierno Nacional, que termino asistiendo a la inauguración de una obra migaja de los compromisos de aquella multinacional en su plan de compensaciones. Es evidente que pretendieron ocultar el daño ambiental y social que han hecho nuestro departamento, valiéndose de estas pomposas inauguraciones.
Casi al unísono los medios de comunicación han registrado esta doble moral que al parecer observamos los huilenses por cuenta de semejante burla que ya se perpetró y solo sirvió para los habituales escándalos del fin de semana.
Pero hay que ver cuán frágil es nuestra memoria y el cinismo como en el contexto nacional se manejan temas de igual o mayor envergadura como el mal llamado desescalamiento del conflicto. De hecho en éste espacio también me referí a lo inexplicable que es para la gente del común el que se negocie la paz y en medio de ello las FARC sigan asesinando personas y dañando el mismo medio ambiente.
El pasado jueves el país tuvo noticia de un nuevo compromiso del grupo insurgente, esta vez prometiendo una tregua unilateral a partir del 20 de julio, proponiendo como término para ello, un mes. Y aunque en medio de lo inaceptable del conflicto armado interno, ello puede sonar favorable, vale la pena cuestionarse cómo es que a dicha promesa si le ponen término y en cambio a los diálogos que ya llevan más de 2 años no. Porque tiene que derramarse tanta sangre y cantidades de crudo en nuestra vegetación para que hagan “concesiones” de no guerra como si la sociedad colombiana fuera su victimaria? Cuál es la razón para arreciar contra el vecino departamento del Putumayo, uno de los más olvidados por el Gobierno central?.
Lo peor es que así como hoy en el colectivo general de nuestra sociedad se ha convertido en regla general llegar tarde a los compromisos, ya no se cree en esas manifestaciones que no solo resultan odiosas y cínicas, sino que obligan casi automáticamente a sus escuchas a cambiar de tema y poco a poco, crear conciencia que el proceso de paz se está convirtiendo en una farsa que en nada terminará.
Señores negociadores, un tema tan delicado como cesar un conflicto de más de 50 años, merece seriedad y ante todo legitimidad, la que solo la da la correspondencia entre la palabra y los hechos.
