viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-04-16 07:57

La tragedia de Valparaíso

No se habían acabado de apagar las luces del Foro Urbano Mundial de Medellín (WUF 7 por sus siglas en inglés), cuando la vulnerabilidad y precariedad de nuestras ciudades quedaron expuestas, en toda su dimensión trágica, en el incendio de la ciudad de Valparaíso en Chile.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | abril 16 de 2014

Hasta el momento de escribir este artículo, el saldo de este desastre es de al menos 12 muertos, 2200 viviendas incineradas y más de 10.000 damnificados; ocho de los cuarenta y cuatro cerros, donde cuelgan las viviendas de los más pobres, fueron afectados, y 850 hectáreas entre bosque nativo y construcciones, abrasadas por el fuego. Según los cronistas locales “el incendio de Valparaíso es el más grande y grave de Chile a lo largo de la historia”.

En América Latina, este tipo de desastres causados por la debilidad de la infraestructura urbanística y de servicios básicos de las ciudades –especialmente de las intermedias y las grandes–, se han vuelto recurrentes. Cuando no son las inundaciones en épocas invernales, son las sequías con la escasez de agua o la fragilidad frente a las contingencias de la naturaleza: terremotos, tsunamis, huracanes, incendios, etc. No vamos a decir que a la fuerza de natura debemos controlarla, pero si contenerla con normas de prevención que minimicen los riesgos. Para eso contamos con el conocimiento y la experiencia, propia y ajena, en las técnicas de planeación, construcciones sismoresistentes, urbanísticas, viales, de espacios públicos e institucionales…

Pero, en América Latina imperan condiciones de desigualdad social extrema. Tenemos el coeficiente de gini –índice que mide la desigualdad–, de los más altos del mundo. Debilidad social donde unos pocos ricos y acomodados, pueden construir sus viviendas y sitios de trabajo cumpliendo las normas más estrictas de seguridad y comodidad urbana, mientras las mayorías de pobres se arruman en construcciones insalubres, inseguras, antiestéticas, de materiales inadecuados, etc., que las hace vulnerables a cualquier contingencia natural, social o humana. Es la característica de ciudades segregadas propias del capitalismo, por la tendencia, consustancial a ese régimen, a la concentración de la riqueza en pocas manos, a la vez que despoja, desplaza y confina en guetos a millones de trabajadores humildes.

No conozco Valparaíso, pero la puedo comparar con muchas de las ciudades de Colombia. No más, la misma Medellín, que en su conformación urbana tiene a los más pobres colgados en cerros parecidos a los del puerto chileno. Donde es previsible que la vulnerabilidad salte cualquier día, por cualquier contingencia. Ya lo hemos vivido. La razón: esa desigualdad ofensiva que nos hace débiles. Por eso, el tema del foro de Medellín fue, precisamente, el tema de la desigualdad y como enfrentarla.

La tarea de repensar los hábitats urbanos donde vivimos, orientándolos a cumplir con los estándares de seguridad, comodidad, garantía de servicios básicos, accesibilidad, condiciones de igualdad, equilibrio ambiental, oportunidad de trabajo, educación, salud, movilidad, …, son condición necesaria para garantizar la calidad de vida de los ciudadanos y la estabilidad de la sociedad.