La suerte de los Navarro Gutiérrez
No es fácil para ningún ser humano llevar hasta la última morada a su madre.
Ayer le tocó el turno a la familia de mi adorada esposa. Doña Tere como cariñosamente le decíamos, fue llamada por nuestro señor a formar parte de su reino. Resultó extremadamente dura la inevitable realidad pues es apenas obvio que nadie quisiera que la muerte lo despoje a uno de lo más querido… la madre!!!!
Doña Tere fue mujer nacida y criada en Campoalegre, casada con Don David Navarro, hombre de calidades extremas, de probada honorabilidad y capacidad de trabajo; formaron su hogar a la vera del camino, en Sardinata, vereda de Campoalegre, que los acogió por muchos años y que vio nacer algunos de sus hijos, Eder, David, Amalfi, Diana Margarita y Ángela María, mi esposa.
Doña Tere nació para servir, tuve la fortuna de conocerla desde hace doce años, cuando me hice su yerno y solo me quedan recuerdos de su extrema bondad y su abnegada entrega en un inmejorable papel como abuela, madre y esposa ejemplar. Sus dotes culinarios le permitieron hacer deleitar, hasta a los más exquisitos paladares, de las viandas típicas de nuestro Huila… ¿quién no disfrutó de la exquisitez de su asado huilense y demás platos propios de nuestra región?
Su extrema bondad le permitía a quien pasara por su casa, tener la fortuna de probar un “bocadito” como ella llamaba de su cocina. A parte de esto su entregada labor de madre le permitió “adoptar” a dos de sus nietos, ellos gemelos y pequeños arribaron a Neiva y tuvieron en ella a la madre y la abuela que cualquiera de nosotros hubiera envidiado.
Estas y muchas otras virtudes de doña Tere compromete a su esposo e hijos a buscar ser la prolongación rumorosa de sus sueños, a seguir transitando por este valle de dolor llevando en sus seis corazones un invisible, inmenso y eterno homenaje de amor del cual ella se enorgullecerá en el reino silencioso del señor.
Nuestras sentidas condolencias a toda su familia, pero nunca olviden darle gracias a Dios, familia Navarro Gutiérrez, por la inmensa suerte que han tenido al haber podido disfrutar y compartir por muchos años con quien nunca nos equivocaremos al recordarla como la abuela, la madre y la esposa ideal.
A Ángela María, todo mi amor, mi soporte para fortalecer su espíritu en tan difícil prueba, y por sobre todo las gracias por haber compartido, aunque fuese por pocos años, su suerte, la de la familia, la de haber podido disfrutar junto con nuestras hijas a doña Tere. Paz en su tumba!
