La solidaridad social (I)
Alguna vez dentro de las reflexiones que Antanas Mockus hacía sobre lo que él llamaba la Teoría de la Acción Colectiva,
se podía leer que en situaciones que se presentan sobre el derecho humano al agua potable, era válido preguntarse cuál es el papel y la responsabilidad de los ciudadanos cuando a sus redes internas de acueducto no se le hace mantenimiento (por ejemplo, cuando no se hace un adecuado lavado de tanques) o están mal construidas, o cuando sus prácticas cotidianas de salubridad no son adecuadas y se vuelven perjudiciales (no lavar las hortalizas antes de consumir, por ejemplo).
Lo que plantea el profesor Mockus, con una lógica y sentido común propios de su ser europeo que tanta falta nos hace a loa latinoamericanos, es que no es responsabilidad del Estado sino de cada cual, del individuo, el mejor estar de todos. El Estado es una figura que creamos todos para poder vivir cohesionados y armónicamente.
Para algunos la obligación del individuo frente a la sociedad y la carga que cada cual tiene frente a los intereses colectivos, es sólo una obligación moral y no jurídica. Pero es algo que no compartimos porque para dar una explicación simplista, fracasaría el concepto de Rosseau sobre el contrato social, aquel acuerdo tácito que tenemos todos dentro de la sociedad para vivir en armonía sujetándonos a unas normas que rigen a todos sin excepción.
La sociedad es un relación, supone dos partes: una, yo, el individuo, y otra la sociedad en conjunto.
La sociedad como objeto del Derecho, lo jurídico, está constituida por la suma de individualidades y los factores que vuelven al individuo necesariamente visto en sociedad. ¿Cuál es entonces la obligación de ese individuo? ¿Pueden volverse obligatorios y exigibles, compromisos y obligaciones como miembro de la sociedad?
Decir que en la sociedad los individuos frágiles o menos favorecidos sólo tienen derechos y no obligaciones, es aceptar el fracaso como Nación porque hay unos que cumplen y otros que no. Allí no existe la igualdad.
Sin duda los miembros de la sociedad más frágiles (minusválidos, ancianos, pobres, discapacitados mentales, etc) no pueden tener las mismas obligaciones que los demás, pero sí tienen obligaciones. Y no tener esto claro y no exigírselas crea desigualdad e injusticia.
En nuestros países está llegando la hora de que aceptemos y restablezcamos reglas de convivencia más justas e igualitarias. Tanto para proteger a los débiles, como para definir unas corresponsalías que aseguren convivencia ajena a injusticias sociales no solo para abajo sino para arriba. Igualdad significa romper con todas las diferenciaciones.
