La sancochería “Pedro Hernán”
El centro de Neiva es un mercado persa, donde se vende y se compra de todo, pero sobresalen los expendios de comida, desde sancocho hasta tamal, pasando por bizcochos y dulces.
El alcalde, Pedro Hernán Suárez, revivió y empeoró el pasaje Camacho, ahora frente al templo colonial, en un costado del parque Santander. La carrera quinta es un tramo vergonzoso para la ciudad.
Suárez ha sido laxo con los vendedores ambulantes, no siempre personas humildes en busca del sustento diario. Detrás de ellos hay algunas empresas pujantes que manipulan a cientos de personas. Y más atrás –en alguna escala- lavadores de dinero.
La cara de la ciudad, la que ven primero los turistas, es un atiborrado mercado de ropa y cachivaches, al punto de que algunos de esos “chuzos” disponen hasta de probadores. En otras palabras, usted se puede vestir y desvestir en plena calle, en el centro de la ciudad.
Si bien es cierto que la alcaldía no puede –por humanidad- “barrer” con los vendedores ambulantes, la dejadez indefinida terminará por hacer intransitable el lugar, que un día se hizo peatonal para disfrute de todos los ciudadanos.
El señor de los tamales lleva una olla gigante para venderlos calientes. El de la fritanga monta su estufa y cuelga los chorizos. Y ante tan buen mercado, la prostituta también está escogiendo pasarela. Está a buen precio la camiseta de Colombia, ofrecen zapatos de segunda (bien conservados) y condones nuevos, de buena calidad, según recomienda el distribuidor.
La sancochería, que bien podría llevar el nombre de Pedro Hernán, el flamante y relajado alcalde, tortura a quienes deben frecuentar el centro y asusta por los males peores que se están cocinando: la venta de drogas, armas y elementos robados.
Suárez, apático, flemático, imperturbable, no se preocupa por el asunto, o prefiere que se desarrolle tranquilo, para no incomodar a los ambulantes y sus proveedores, sin importar si el grueso de la ciudadanía sale perdiendo.
En las próximas semanas, cuando se produzca la desbandada de sus funcionarios y asesores (que renuncian para aspirar al concejo y la asamblea departamental) tendrá la opción de mejorar el nivel y eficiencia de su administración. O seguir por el camino de la desidia que hoy transita.
Al fin y al cabo, muchos están usufructuando el puesto oficial, de paso a la política (ellos o sus familiares): Aurelio Navarro, Faiber Aroca, José Tucuara, Germán Darío Rodríguez, Lariza Calderón, Sandra Muñoz, Chucho Vega y el nunca bien ponderado Elí Charry, hijo del “profesor Lester”, viejo y embaucador brujo de la radio.
