domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-10-05 08:34

La riqueza del silencio

Froilán Casas

Escrito por: Froilán Casas
 | octubre 05 de 2016

La cultura que vivimos es extremadamente ruidosa en todo sentido, todo el mundo va a las carreras tumbando a quien se encuentre por delante. Es la ley de la fuerza, del yo tengo la razón; es mi espacio y punto. ¡Qué confusión, qué galimatías, qué mundo de locos! La ciudad ha resultado agresiva, desesperante: cada quien utiliza el equipo de más alta generación y se siente el rey del mundo, imponiéndole su “música” al vecino, al transeúnte y a quien se atraviese por el camino. Aparece un código de policía nuevo y todo queda en la letra y buenas intenciones. Este es un país anárquico, es un salvaje oeste, “sálvese quien pueda”. La selección natural analizada por Charles Darwin, es apenas una pequeña muestra del universo del problema: la supervivencia del más fuerte. El Bien Común y el Estado de Derecho son apenas un icono de exportación. ¡Que lo crean los ingenuos! Volvamos a la hermosura del silencio, el silencio parece que es un anhelo difícil de encontrar en este mundo convulsionado y caótico. Es el vacío interior del hombre que lo quiere llenar con un mecanismo de evasión que se llama el ruido. El bullicio es  como un narcótico que quiere neutralizar la falta de grandeza interior.  El poema Desiderata -enhorabuena quien lo escribió-, Max Ehrmann, nos dice entre otras cosas: “Camina plácido entre el ruido y la prisa; y piensa en la paz que se puede encontrar en el silencio. Esquiva a las personas ruidosas y agresivas, pues son un fastidio para el espíritu”. ¡Qué sabias palabras! Mira esta otra píldora, vayámonos al siglo XVI cuando no había casi ruido y un poeta de la época ya nos decía: “¡Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido, y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios        que en el mundo han sido!”. Si por esos tiempos lo decía Fray Luis de León, ¿qué podemos decir nosotros hoy? El silencio es la atmósfera que el amor necesita para que tu alma brille. El silencio en un lado y el amor en el otro, le dan alas a tu corazón. Esa belleza y esa armonía se han ido perdiendo porque el hombre se ha llenado de tantos artefactos inútiles que ha malogrado hasta su propia identidad. El hombre es un robot que hace, no un ser que piensa, siente, da ternura y expresa  amor. Qué no decir del avance tecnológico  de la las TICS, tan importantes y necesarias y, a la par, tan deshumanizantes cuando no ocupan el justo puesto en nuestras vidas. Recuerda, el silencio es el vientre en donde nacen los sabios. Si deseas adquirir sabiduría, vuelve a nacer en medio del silencio. En el silencio se gesta la vida. En el silencio te encuentras contigo mismo y con el otro. Guarda espacio para el otro, escúchale en silencio. Valora al otro: apaga el televisor, apaga tu teléfono móvil y aprecia la riqueza del otro. En el silencio, saborea la belleza del bosque, del arroyo que te arrulla, del viento que te acaricia, de la música suave que te mece.

+ Froilán, obispo de Neiva