La regla para cambiar el mundo
Orlando Parga
Resalto la labor socio-pastoral que realizan nuestros Obispos y sacerdotes del Huila, Caquetá y Putumayo, donde el Centro Regional de Uniminuto hace presencia. Con humildad y sacrificio nuestros guías espirituales cumplen de manera abnegada y silenciosa la promoción del ser humano, aún soportando las necesidades e inclemencias propias de lugares remotos o inhóspitos.
Repasamos una de las llamadas virtudes llamadas teologales cual es la caridad, que para los teólogos de la Escuela Francesa: Juan Eudes (Padre de la Comunidad Eudista), San Vicente de Paúl (Fundador de los Vicentinos) y el Sacerdote Juan Jacobo Olier (institutor de los Sulpicianos) fue el contexto social y religioso francés del siglo XVII, fue un faro a seguir.
El meollo de la vida cristiana debe ser la caridad, que para San Juan Eudes es "La regla de las reglas" y en la que para San Vicente de Paul los pobres son la principal misión. Es lo que contemporáneamente el Papa Francisco insiste como misericordia, haciendo especialmente énfasis en las obras de caridad a los más necesitados.
Y si la regla de las reglas y virtud de todo buen cristiano es la caridad, ella debe ser el alma de esta comunidad. Cada uno cuidará de conservarla más delicadamente que la pupila de sus ojos, señalaba San Juan Eudes. Por lo tanto la caridad es prioritaria en la vida cristiana y en la vida comunitaria, está por encima de otras consideraciones. Regula y garantiza la convivencia y el cumplimiento de la voluntad de Dios.
El Padre Rafael Garcia Herreros en su alocución televisiva en el año de 1969, les preguntaba a los colombianos ¿Qué es lo que a los cristianos actuales nos falta? Nos falta sentir y vivir que somos hermanos. Este sentimiento vivo, profundo, vital, de que somos una familia, de que estos niños, este hogar que acaban ustedes de ver aquí, que les presento diariamente por televisión, son hermanos míos y tuyos, y que su suerte es parte de mi responsabilidad y que ellos no pueden carecer de todo, cuando yo vivo en la abundancia. Que la educación de sus hijos me debe preocupar, que al menos los debo acompañar con una mirada de simpatía, como cuando se reconoce a un pariente de tierras lejanas, que nunca habíamos visto.
Cada uno de nuestros Obispos y sacerdotes de Neiva, Garzón Florencia, Mocoa y Puerto Leguizamo está llevando ese mensajes de hermandad, de fraternidad y de esperanza a otro hermanos y hermanas de todas las razas en las más recónditas zonas montañosas y selváticas, donde muchos viven en la miseria, el abandono y pasan grandes necesidades, donde pocos se atreven ir con voluntad propia y llenos de cariño a ayudar a construir un mejor futuro.
Entonces, si la caridad es la regla de las reglas de todo buen cristiano, y la misión son los pobres o necesitados, nuestra tarea diaria es "hacer una acción caritativa por alguien que no te lo pueda devolver", como invitó recientemente el Padre Alberto Linero.
Doy gracias a Dios por mi Iglesia Católica y la labor altruista y generosa que cumplen Obispos, Sacerdotes, Religiosos y Religiosas, Diáconos y laicos comprometidos en el Reino de Dios.
