La Reforma Tributaria, la Inversión y el Empleo
Existen algunas cosas en la vida que si se planean no salen tan bien como cuando no se planean. La debacle económica Venezolana es sin duda una de ellas.
Sin proponérselo, Chávez y Maduro planearon la elaboración del hoyo al que ellos mismos dirigieron a Venezuela. Colombia, sin embargo, a pesar de tener tan cerca semejante ejemplo de fatalidad, está realizando pasos para la elaboración de un hoyo parecido: veamos porque. En los últimos días el Gobierno ha demostrado estar sediento de recursos. Nada lo detiene en su afán de cobrar tributos con la excusa de tener un país más justo y de suplirle las necesidades a los menos favorecidos. Es una buena bandera para pedir, sin duda. Los problemas están en como se usan los recursos y en lo que pierde la economía a largo plazo. Respecto al primer problema, en reiteradas ocasiones hemos escuchado que el Gobierno quiere tapar un hueco fiscal, creado por la excesiva burocracia, las promesas de campaña y las promesas a sectores de la economía que a través de protestas lograron gordos cheques. Ha indicado además el Gobierno que se requieren recursos para profundizar los programas sociales, entre ellos las casas gratis y la asistencia social. Por loable que parezca, este tipo de políticas generan un círculo de pobreza y dependencia. Los ciudadanos sumidos en la pobreza requieren de catapultas temporales que les ayuden a cambiar por su cuenta su situación. Los sectores económicos deficitarios también. Por el contrario, el Gobierno está creado ayudas permanentes a sectores económicos deficitarios que no generan productividad y además incentivan a quienes no trabajan. La política pública correcta es el uso de auxilios temporales para los sectores deficitarios, pero para que ganen en productividad, y auxilios temporales de seguridad social, con un programa agresivo y permanente de educación, para la incorporación de los menos favorecidos y de sus hijos a la vida laboral y por su cuenta cambien su situación. Quienes al final del día lo logren suplirán sus necesidades. Quienes no lo logren, deberán esperar unos años para poder volver a ser beneficiarios de auxilios. Dicho esto, la productividad, la creación de empleo y la educación deben ser el norte de una política pública sana, la cual es exitosa si cuenta con tasas de reinversión por parte del sector privado para que crezca sus negocios y la demanda de trabajo. Esto nos lleva al segundo problema relacionado con lo que pierde la economía con tasas de tributación altas. De hecho, el Gobierno en lugar de generar dinámicas económicas para generar mayor productividad y crear más y mejores empleos ha decidido “quitarle a los ricos” para “darle a los pobres”, a lo “Robin Hood”, como lo ha hecho la hermana República Bolivariana de Venezuela y como si esto fuera la solución. Esta política errada implica desestimular la inversión, ahuyentando a los inversionistas, quienes preferirán otros países para invertir o simplemente no lo harán, con la consecuente desaceleración económica, la pérdida de competitividad y la no inclusión de nuevos puestos de trabajo en la economía. Así, lo que parece bueno y loable a primera vista, en realidad conduce a la debacle. Falta ver si nuestros dirigentes, después de elaborar el hoyo, dirigen a Colombia en su dirección.
