La pregunta del plebiscito
Quedó definida la pregunta que deberá someterse al constituyente primario el próximo domingo 2 de octubre, sobre el “Sí o No” del Acuerdo Final de Paz que se firmó entre el Gobierno Nacional y el grupo insurgente de la Farc en la Habana.
El Senado y la Cámara de Representantes autorizaron al presidente Juan Manuel Santos Calderón para convocar el Plebiscito por la paz en un tiempo récord, donde queda demostrado que existe una voluntad política en el parlamento para ratificar y trabajar por el Sí. A pesar que fuera muy controvertido el proceso que se adelantó en la Habana durante 4 años, el primer mandatario, ha querido poner a consideración del pueblo colombiano, dichos resultados. Con ello, se estará jugando su futuro político que lo podrá catapultar en el cenit del olimpo por haber logrado por fin terminar un conflicto armado de más de 52 años, que nos deja un amargo recuerdo para la historia colombiana, por la crudeza de la violencia que en muchas ocasiones desestabilizaron las instituciones democráticas en algunos territorios del país y que generó unas implicaciones desastrosas y funestas en los ámbitos sociales, políticos y económicos para el bienestar de nuestra sociedad.
La pregunta definida es: ¿Apoya usted el acuerdo para terminar el conflicto y construir una paz estable y duradera? Para muchos sectores de la opinión pública, ha generado interpretaciones etimológicas diversas. Pero a nuestro modo de ver, es la reacción natural de los movimientos políticos que se encuentran en oposición al gobierno actual, que es producto de la libertad de expresión que nos ofrece la Constitución Política de este país. Consideramos que debemos acatar lo que manifiesten los colombianos en las urnas en los comicios que se van a adelantar. El bienestar supremo de la nación está en juego. Cuando se transita por los lugares donde ocurrieron los graves hechos delictivos, que estigmatizaron al país como el más violento del planeta en algunas décadas y ahora se respira un ambiente de paz y tranquilidad en dichas zonas, para esos habitantes, este hecho histórico se ha convertido en un bálsamo que empieza a cicatrizar los rencores, odios y las heridas heredadas de esa violencia irracional y demencial que caracterizó a este país. Lograr que los miembros de esta guerrilla que han tenido un historial violento y criminal, tomen la decisión de dejar las armas de manera definitiva y que estén dispuestos a reintegrarse a la civilidad, a través de este proceso de paz, les va a permitir tener su representación en el poder legislativo. Es un triunfo de la democracia y por fin se puede lograr una verdadera reconciliación nacional con este grupo insurgente, a través del plebiscito.
