La Postragedia
Editorial
Transcurridos dos días de la ocurrencia de la avalancha en la capital del departamento del Putumayo, que ha dejado como balance hasta la fecha, 210 víctimas de las cuales 210 ya fueron identificadas por parte de la Fiscalía General de la Nación, 103 personas heridas, 158 desaparecidos, 300 familias y 17 barrios afectados, 25 viviendas destruidas. Las autoridades ambientalistas, han expresado algunos comentarios sobre las causas, que contribuyeron a generar dicho desastre natural. En la mayoría de las ocasiones, fenómenos ambientales como el ocurrido en Mocoa, responden a la deforestación de las rondas de las fuentes hídricas y de los ecosistemas de alta montaña, que las comunidades efectúan con fines de asentamientos de la población, ganadería o siembra de cultivos. Las malas prácticas agrícolas, sumadas a la intensificación de las lluvias en esta temporada del año, que aumentan el caudal de los afluentes hídricos, generan situaciones de riesgo para las comunidades. Igualmente, los incendios forestales en épocas de verano y el aumento de los cultivos ilícitos en el piedemonte amazónico, han creado un fenómeno de desestabilización ecológica en la región. Esto sucede en la mayoría de los municipios en el país. En nuestro departamento, la CAM ha advertido a los entes territoriales de la importancia de mantener las zonas protegidas, para disminuir los impactos a la población en temporadas de altas precipitaciones.
Además, se deben adelantar la actualización de los Esquemas de Ordenamiento Territorial (EOT) para los municipios menores de 30 mil habitantes y de los Planes de Ordenamiento Territorial para los superiores a esta cifra. Solamente 6 se encuentran actualizados y el resto, están desactualizados en el Huila. Las alcaldías deben adelantar los programas de planificación territorial, donde se deben respetar la ronda de los ríos y quebradas. Otro elemento que es muy preocupante para la región, cuando ocurren esta clase de tragedias naturales, se despierta la solidaridad de todos los agentes económicos del país. En el caso nuestro, desde que presentó el sismo en el municipio de Colombia, el pasado 6 de febrero y la tragedia invernal ocurrida el pasado 22 de febrero, que afectaron la infraestructura productiva, habitacional y vial de los municipios de Rivera, Campoalegre y Algeciras, se hicieron presentes altos funcionarios del gobierno nacional, que se comprometieron con el gobierno departamental para apoyar las labores de recuperación y rehabilitación de la zona. A la fecha, las familias afectadas no han recibido el verdadero apoyo que necesitan para reinsertarse a la vida productiva. Campoalegre no tiene solucionado el servicio de suministro de agua potable. Continúan las vías terciarias y los viaductos destruidos, sin que se vislumbre una solución definitiva en el corto plazo. Igual sucede con el caso del desastre de Mocoa. La presencia gubernamental encabezada por el presidente de la república, y los ministros de Despacho, han expresado que van a recuperar prontamente la dinámica productiva de la capital putumayense. Ojalá no se convierta en otra retórica barata, con que nos tienen acostumbrados los ilustres visitantes.
