domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-06-01 04:19

La política y la coherencia

Orlando Parga Rivas

Escrito por: Redacción Diario del Huila | junio 01 de 2016

Me rondaba en la cabeza tantas alabanzas, reverencias y las aprobaciones sumisas a mis opiniones y propuestas. “Cuídate, -me dije entonces-, de que la cabeza no te crezca más que la corona”, parafraseando a la Reina Isabel I

Esa voz autocrítica de la Reina nos invita a la necesidad, imperativa y constante, de reflexionar sobre el tipo de ser humano que están produciendo las revoluciones tecnológicas, los sistemas educativos, los medios de comunicación e información, el modelo económico y la cultura hegemónica, que en una especie de espiral descendente puede desencadenar en el pobre conformismo fruto de la sociedad de consumo en el ideario colectivo.

Uno de los valores más importantes y apreciados en el ser humano es la coherencia, que es la correspondencia entre pensamiento, sentimiento, palabra y acción y que se manifiesta en muchas formas, una de las cuales es la honradez. Y si la ubicamos en el contexto de la función o el servicio público con mayor razón, porque los recursos públicos son sagrados y todas las gestiones y acciones que se realicen en ese marco deben estar impregnados de verdad, transparencia y honradez.

Y es que lo que se maneja es ni más ni menos que el presupuesto que se debe invertir en la búsqueda del beneficio de la mayoría, el bien común y el bienestar general, sobre lo que todo gobernante o servidor público debe rendir cuentas claras, como es de elemental justicia.

El servidor público es un administrador y “Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel”, según 1 Corintios 4:,2.

Pero uno de las más grandes perversiones de la política colombiana, o mejor, de aquello en que se ha convertido la política en Colombia, es que ya casi ningún político se sonroja o siente vergüenza por su falta de consonancia entre lo que promete en campaña y lo que hace en ejercicio del cargo para el que fue elegido o designado, entre lo que hace y lo que dice, entre lo que exige a los demás y lo que se exige a sí mismo, entre lo que se es y lo que se presume.

Dime de qué presumes y te diré de qué careces podría acomodarse el refrán y convertirlo en máxima, porque la falta de coherencia, que se extiende como una pandemia por todos los partidos y casi todas las personas, se convierte con el paso del tiempo en falta de credibilidad y, esta, a su vez, en falta de legitimidad. Es posible que la coherencia sea el valor supremo de la política y, sin duda, el más maltratado en la actualidad.

Don ejemplo recientes para la muestra: el Alcalde de Bogotá, elegido con más de 900 mil votos, Enrique Peñalosa, pasó en menos de un mes de preciarse de ostentar un Doctorado en Administración Pública obtenido en París, a tener que explicar, primero, por qué en el perfil oficial de la Alcaldía se hacía gala de un título de doctor que no existe, y, después, por qué asegura tener una Maestría al parecer también inexistente o al menos no convalidada en Colombia. El Centro Democrático, una de las principales fuerza políticas del país, se opuso férreamente a la venta de Isagen, al parecer en una postura estratégica para ganar rentabilidad política frente al gobierno del Presidente Juan Manuel Santos, termina poco después, a través de su bancada en el Concejo de la Capital, aprobando la venta de ETB, propuesta por el alcalde Peñalosa, a quién siempre han apoyado.

Son solo dos ejemplos extraídos de la actualidad, pero si revisáramos sin mayor rigor en cada periódico diario, podríamos encontrarlos por decenas de nuestra macondiana realidad.

En su afán por entrar por la puerta grande en las páginas de la historia, nuestros administradores y representantes viven más pendientes de la imagen, de la engañosa percepción que puedan maquillar a través del marketing institucional y un mediático Plan de Comunicación Estratégico, proyectados mediante la pauta paga con presupuesto oficial en medios de información, en vez de servir a las personas que tanto reclaman de elementos esenciales para subsistir como es la salud, educación entre otros. Y estos esperan respuestas traducidas en felicitaciones como una señal de halagos y reconocimientos por una función intrínseca en el devenir del funcionario público montando todo un espectáculo.