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Opinión/ Creado el: 2015-08-27 06:04

La política como empresa familiar

Por Diógenes Díaz Carabalí

Escrito por: Redacción Diario del Huila | agosto 27 de 2015

Lo tradicional ha sido, entre las familias de alcurnia, que uno de sus miembros sea político, dígase presidente, parlamentario, ministro, o por lo menos alcalde de pueblo; otro, general de la república; otro, cura o monja con funciones bien determinadas dentro del rol de parentescos. El político asegura el poder; el militar garantiza su permanencia y el cura da vía libre para que el héroe vaya al cielo. Eso era lo normal, lo aceptado por la sociedad.

Pero, hoy, cuando hablamos de anticorrupción, de libertades ciudadanas, de igualdad de oportunidades en todos  los géneros, la modalidad son las empresas políticas familiares, llámese nepotismo. Como especializados acaparan el poder, utilizan el tráfico de influencias para ubicar en cargos clave papás, hermanos, primos, sobrinos, cuñadas; el resto de sus allegados quedan como reserva para suculentos contratos con las entidades que ellos mismos manejan como cuotas de poder. Es decir: el negocio de la política es redondo. Caso, por ejemplo, del actual presidente del congreso, cuyo padre goza de una jugosa pensión como procurador delegado que fue, y, su madre, como que fue notaria en la ciudad de Popayán también devenga una lata pensión. Además, su hermana, quien ha ocupado altos cargos o jugosos contratos como cuota de su movimiento político, es hoy aspirante a la Alcaldía de Popayán con altas posibilidades de triunfo, sin que la ciudadanía se inmute.

Con baja inversión, porque financian las campañas por medio de contratistas “generosos”, recuperan grandes porcentajes y estupendos beneficios provenientes todos del erario público. Ocupan posición social destacada al ser parientes del congresista, pasan por encima del resto de los ciudadanos ante funcionarios públicos o entidades particulares, y hasta cuentan con servicio de escolta en detrimento también del presupuesto de la nación. Todos son doctos, aunque sus pregrados y postgrados los cursen mediante la utilización de plagios, copias y chancucos, o aprovechando el nombre que toma su apellido como prohombres de la patria, sin capacidad de sacrificio, sin entereza moral, quien quede en el camino es lo que menos les importa. Es una rueda de molino, como son los más capacitados porque para que cursen maestrías doctorados y especializaciones en Hoxford o Harvard, los nombran agregados de las embajadas; por ejemplo: delegado cultural; sin tener la menor idea de arte ni de literatura.

El caso del Senador Velasco no es el único. En cada región del país posa una familia que maneja los hilos del poder. Son los dueños de los cargos más importantes, viajan como plenipotenciarios, dominan las esferas y el devenir de los departamentos. Mueven sus fichas como buenos jugadores de parqués, con su veteranía, a pesar del abuso nepotista, deambulan como grandes varones a quienes se les debe hacer la venia, promulgar su nombre y hasta fingir que tenemos un lejano parentesco si ambicionamos ocupar puesto tras uno de los escritores coloniales en que se sientan los burócratas sin mérito.

Para completar, son los dueños también de los medios de comunicación, de las empresas de transporte, de las agencias de viaje, de las notarías, de los equipos de fútbol. Y si falta algo, les nombran un magistrado en alguna de las cortes.