sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-05-02 08:38

La peligrosa mezcla del discurso religioso con la política

Pedro Arias Villa

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 02 de 2017

De acuerdo a la Constitución de 1991, Colombia es un Estado Laico, es decir, debe existir una clara separación entre la religión y el Estado. Cualquier religión. El Constituyente trató de subsanar una de las causas que agudizaban los violentos enfrentamientos entre colombianos: la peligrosa mezcla del discurso religioso con la política partidista.

Pero parece que la separación, después de tantos años de hegemonía religiosa, no es lo suficientemente fuerte como para que todos los colombianos entendamos de una vez por todas y con claridad meridiana que toda persona, en nuestro país, tiene derecho a profesar o a creer en una religión, o simplemente no creer en nada, ser ateo o agnóstico o lo que sea y no puede ser discriminada por esta causa.

Pero una cosa es la libertad de cultos y otra, muy distinta, es que se trate de confundir las creencias religiosas con la normativa legal. Las creencias son personales y no son obligatorias, mientras que las leyes son universales y de obligatorio cumplimiento. La religión no está por encima de las leyes en un país democrático, donde todas las creencias minoritarias o mayoritarias tienen las mismas garantías, como lo consagra nuestra Constitución.

El país atraviesa por una tremenda polarización gracias a una buena dosis de terrorismo sicológico y de mentiras descaradas que se han esparcido por las redes sociales preparando este ambiente que hace redituable el discurso religioso con fines electorales. Ya son muy pocos los que se atreven a negar que el proselitismo de los pastores evangélicos, que utilizaron argumentos de fe para hacer campaña por el No en el plebiscito, fue una muestra exitosa de la estrategia.

La salida en falso del exprocurador Alejandro Ordoñez, en contra del Ministro de Salud Alejandro Gaviria, quien en una entrevista dijo que era ateo, promovió un gran debate en los medios y en las redes sociales. Periodistas, columnistas de opinión y caricaturistas calificaron a Ordoñez de sectario e incluso, algunos representantes de la Iglesia católica mostraron su descontento, porque no solamente le pidió al ministro que renunciara por no creer en Dios, sino que le preguntó a los colombianos: “¿Dejaría usted la salud de su familia y la educación de sus hijos en manos de un ateo?”.

A Ordoñez, el incinerador de libros como Tomás de Torquemada, primer Inquisidor General de España, no se le puede permitir que siga incendiando el país con sus declaraciones. Pertenecemos a una sociedad que valora la religión, la mayoría de dientes para afuera, pero que de alguna forma se confiesa creyente, -a su manera-, con su discurso cargado de sectarismo  y que atiza la hoguera de la polarización.

Tampoco se le puede permitir a Ordoñez que la perversidad de su discurso, con miras a las elecciones del 2018, reviva el fantasma de ciertos personajes siniestros, como el de monseñor Miguel Ángel Builes, quien en los años cuarenta del siglo pasado atizaba desde el púlpito el conflicto entre liberales y conservadores vociferando a sus feligreses en contra de los liberales. Con esas actitudes sectarias y agresivas se puede abrir de nuevo la puerta a la violencia política-religiosa de tan amarga recordación.

En Colombia va a suceder algo parecido a lo que está sucediendo en Francia. Los partidos tradicionales desprestigiados, de capa caída, fueron castigados duramente en las pasadas elecciones; los populistas de derecha y de izquierda trataron de convencer al pueblo, hastiado de politiquería y de corrupción, que ellos eran la solución a los males que aquejan la república, pero muy pocos les creyeron.

Y aquí, aunque falta cerca de un año para la primera vuelta, lo más probable es que la mayoría silenciosamente emberracada se incline, como en la Francia de Macron, por un candidato independiente y pulcro. Alejado de la politiquería tradicional, que plantee un liderazgo joven, democrático y moderado. ¿Quién podría ser? “Amanecerá y veremos” dijo el cieguito.