La pelea no es peleando, es pensando
José Israel Charry
Para quienes ya tenemos el sol a la espalda, como solía decir el ex presidente Alfonso López Michelsen, cuanto se está viviendo en las últimas semanas es algo que llena de alegría, ilusión y esperanza, no tanto para nosotros, como para nuestra heredad, para las próximas generaciones. Desde luego, me refiero a la agenda del proceso de paz, producto del acuerdo entre voceros del Gobierno Nacional y la dirigencia del otrora grupo guerrillero de las Farc.
Mi colega de Administración Pública Jhon Jaime Ríos, me ha hecho notar que para grata sorpresa de los habitantes de su pueblo natal, Algeciras, la despensa agrícola del Huila, a raíz de los estragos que causó allí la ola invernal, vieron de la mano a funcionarios públicos, ciudadanos de la región y agentes de la Policía Nacional haciendo labor mancomunada para apoyar a los dannificados. “Eso de ver un uniformado sin armas y en una labor social, como la que le comento, no lo habíamos visto hace décadas, esto es posible ahora gracias a la nueva situación que vive el país” me comentó puntualmente y con indisimulada complacencia mi siempre apreciado colega. Por elemental que parezca la referencia, no lo es. Guardadas las proporciones, es tan significativo y simbólico como ver en la portada de los grandes diarios nacionales a decenas de excombatientes de las Farc en canoas, lanchas o camiones, transportándose a las zonas veredales que serán su nueva residencia y en donde harán entrega de sus armas.
El momento histórico que se está escribiendo no puede pasar como un simple hecho noticioso. Esto es algo tan grande que ha concitado la admiración y el acompañamiento de la comunidad internacional, que va a tener un impacto impredecible en el inmediato, mediano y largo plazo. Colombia será una antes del acuerdo de paz y otro a partir del presente. Para esta aseveración no hay que hacer esfuerzos mentales. Ante los hechos no hay argumentos, como se ha asegurado.
En adelante, así, habrá de imponerse la frase con la que titulé esta columna y que también se la atribuyo al ex presidente López Michelsen.
La dejación de armas, la ruptura con las organizaciones del narcotráfico, el cese de todo tipo de actos de violencia, la reparación total o parcial a las víctimas y la voluntad de no repetición de los hechos que generaron tanto luto, serán el preámbulo para que las Farc den el gran paso del conflicto armado al debate de las ideas en los escenarios de nuestra frágil democracia.
