domingo, 12 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-07-09 11:02

La paz: una construcción social

Lucas Mateo Vargas Vargas

Escrito por: Redacción Diario del Huila | julio 09 de 2016

¿Cuán acostumbrado estamos a la guerra y cuánto temor nos causa poderla superar? ¿Cómo poder superar la ideología de la guerra cuando ésta hace parte de nuestro cotidiano, debido a los consumos culturales a los que estamos expuestos?

En esta semana dos hechos sacudieron la estructura de lo hasta ahora alcanzado en los diálogos para la superación del conflicto social y armado adelantados entre el gobierno colombiano y la insurgencia de las FARC. Por un lado está la posible disidencia del frente primero de esa organización guerrillera ante la falta de garantías en un escenario de desarme y su posible exterminio por parte del establecimiento. Pues a cada acuerdo de paz pactado entre el Estado colombiano y los grupos subversivos, los ha seguido la muerte de los antiguos combatientes, que desarmados no pueden resistir ante las balas del para-Estado reaccionario, que de forma oculta, extrema y traicionera actúa asesinando a sus contrarios.

El otro hecho fue la llegada a Neiva de ‘Iván Márquez’ con motivo del sepelio de su señora madre. En las redes sociales, en los comentarios web de los periódicos locales, en el ambiente social y en el discurso de muchos colegas periodistas, se diseminaba toda una narrativa de odio que es propio del temor que produce pasar a un estado distinto de cosas, como lo sería, la superación del conflicto social y armado que ha azotado al país.

Quizá los diálogos entre el gobierno colombiano y la insurgencia de las FARC, como construcción social, no se están llevando de la mejor forma y de pronto no cuentan con una metodología adecuada para ello, pero es, por lo menos, un intento de parar el fratricidio. No creo mucho en el discurso de paz de Santos pues éste se acompaña de prácticas de guerra y menos creo en el discurso de “paz sin impunidad” de Uribe, pues éste ha causado los peores vejámenes con su política guerrerista.

Es cierto que las construcciones sociales, debido a errores, aciertos, temores, odios y contradicciones, son difíciles de llevar adelante, pero no por ello, esta construcción social, por lo menos para silenciar los fusiles, se tiene que dejar de hacer por el odio social que ataca a una parte de la población. ¿Qué tan preparada está la sociedad colombiana para acoger a los antiguos combatientes guerrilleros en su proceso de reinserción a la vida social?

Como sociedad hagamos posible que la paz sea una construcción social que implique el reconocimiento a la diferencia; que permita la superación de las contradicciones sociales; que brinde garantías en educación, salud, vivienda, alimentación; que permita la realización de proyectos sociales colectivos más que individuales, para disminuir esa brecha social que nos separa.

Es el momento de hacer un alto en el camino y comenzar a cambiar las prácticas guerreristas y los discursos de odio; dejar de lado ese temor que nos infunden como política de estado o de distintos grupos políticos, como los del CD, que ofreciendo una guerra, que nunca pelean, obtienen jugosos dividendos económicos y electoreros.

Hay que entender que los odios políticos bipartidista; que el afán de lucro de una clase dominante sobre el pueblo de a pie; que las prácticas corruptas de los distintos gobiernos que nos han asaltado en el presupuesto y con los impuestos, son los factores que originaron el conflicto social y armado, y por ello, para superarlo, la sociedad tiene que desprenderse de odios heredados; mejorar en sus prácticas sociales; reconocer al otro en la diferencia y, como seres sociales, asumir el rol protagónico en la construcción social de la tan anhelada paz que permita una transformación de nuestra sociedad. De lo contrario, los ex combatientes guerrilleros no encontrarán las condiciones adecuadas para su desarme y las ilusiones de paz se esfumarían.