lunes, 13 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-05-03 05:51

La paz: presencia activa de dios en nosotros

P. Toño Parra Segura

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 03 de 2016

La columna de Toño

El discípulo amado como se apellida San Juan con una insistencia impresionante en todos los tonos nos habla y explica el amor que Dios nos tiene y la forma como quiere estar en nosotros.

El escenario es otra vez la última cena, en torno a una comida donde normalmente la comunicación se vuelve experiencia compartida. Se invita a los amigos a un lugar especial y mucho más cuando se trata de una despedida que puede ser larga y misteriosa como la de Jesús.

Para sostener a sus discípulos en su larga ausencia, y como ya los conocía muy bien en sus flaquezas e incredulidad no los deja solos sino que les anuncia al Espíritu Santo “que el Padre enviará en mi nombre y quien les recordará todo  lo que yo les he dicho”.

Hay una conexión de amor y de consistencia en la misión que Jesús había desarrollado; como era misión, tiene que volver al que lo envió para que El decida lo que  va a pasar en el futuro.

Condición indispensable: haber escuchado la palabra como presupuesto de fidelidad y ya en el futuro la asistencia intima de toda la Trinidad. Es emocionante la promesa: “Vendremos a él y habitaremos en él”.

En el Antiguo Testamento la presencia de Yavéh era física, oían su voz, se manifestaba en la tormenta, en el trueno o en la brisa fresca, se revelaba en sueños o en visiones a los profetas, les enviaba ángeles y a veces llegaba a hablarles hasta en la misteriosa voz de una burra como en el caso de Balaán.

En la Nueva Alianza, en nuestro cristianismo de hoy lo importante no es gozar de la presencia física del Señor, “estar con El” como estaban los discípulos  y los judíos de su tiempo. Pensamos a veces que si  hubiéramos vivido en esa época que si hubiéramos visto y oído y escuchado a Jesús de Nazareth seríamos mejores cristianos; nos olvidamos que ni siquiera sus paisanos le creían al Hijo del Carpintero. El compromiso con el Señor no es  entonces un producto de su presencia sino de la acción eficaz de su Espíritu  en nosotros.

“Dichosos los que crean  sin haber visto” se le dijo a Tomás y en El, a nosotros El Espíritu nos va a explicar lo que aún no hemos entendido, nos va a guiar porque no quedamos huérfanos y expuestos a las falsas doctrinas del mundo, nos va a dar la energía necesaria para no inquietarnos y llenarnos de miedo.

El miedo siempre es un mal consejero, porque produce desánimo, inseguridad y cobardía. El mensaje del Señor resucitado es siempre de paz, de alegría y de  confianza, sin la presencia de Dios en el corazón del hombre nunca habrá paz ni en nosotros ni en el mundo.

Es un contrasentido que con una fuerza divina por dentro dudemos todavía de la bondad de Dios y de su gracia. Todavía da la impresión de  que muchos cristianos dudan hasta de la existencia de Dios, que le hacen preguntas y que condicionan su fe a los signos, al igual que muchos en tiempos de Jesús.

La Iglesia no es un escuadrón de reclutas con miedo, sino el ejército de hombres libres asistidos por el Espíritu de Cristo. Estamos en la era del Espíritu, dejémoslo actuar para que cambie nuestra mentalidad y obremos como verdaderos posesos del Espíritu Santo. Si El toma posesión de nosotros, pronto vamos a ser nuevas criaturas, cristianos renovados y enviados a evangelizar al mundo.