La Paz y Armonía Institucional
Por El Pájaro de Perogrullo
Las noticias de los últimos días sobre nuestras instituciones son realmente desconsoladoras. Magistrados de la más alta corte que se acusan y tiran agua sucia entre sí, funcionarios sentenciados por chuzadas, jueces que son inmunes a la justicia y al escrutinio social, una fiscalía que hurga y promete beneficios, sin que dicha facilidad legal exista, seguramente justificando su actuar en “pro de la justicia” pero sin que tengamos claro su objetivo, imparcialidad y atribución legal, funcionarios que se acusan entre si o acusan a sus antecesores, funcionarios que opinan y hacen política desde sus pupitres, en fin, un conflicto institucional grave que paraliza al Estado y que no se compadece con el objetivo propio del mismo de convivencia pacífica y bienestar para los Ciudadanos. Y lo más grave es que la Presidencia de la República nada hace para lidiar con este desbarajuste institucional, por sus intereses políticos enraizados en la concepción errada y populista del Gobierno de que la firma de la Paz solucionará todos nuestros problemas. Esto nos lleva a reflexionar sobre lo importante y de fondo en estos momentos de zozobra: La Paz y Armonía Institucional y quien es el encargado de mantenerla. Las acusaciones entre unos y otros, y las actuaciones de unos y otros, por justificadas que sean, puede llegar a desestabilizar el país y la democracia. Claramente, si existen violaciones a la ley, estas se deben investigar y sancionar pero de manera trasparente, clara, imparcial, sin intereses subyacentes y sin protagonismo mediático.
En este, nuestro país, dada cuenta las agendas e intereses, no se cumple con las anteriores premisas y es la elucubración que hagan los funcionarios de turno de los hechos, conforme a sus propios intereses subyacentes, lo que puede determinar el resultado final. Un país de bandos y de intereses yuxtapuestos, tan dividido como este, donde el poder va de una a otra orilla y donde las interpretaciones subjetivas –dependiendo de los intereses dictan el resultado final, no puede darse el lujo de adelantar caserías de brujas que terminarán minando la confianza de los ciudadanos en las instituciones.
No quiero decir con esto que no se haga nada y se exonere a los culpables de las violaciones de la ley; lo que quiero decir es que las formas deben respetarse y que deben existir unos acuerdos mínimos de gobernabilidad para que no se llegue a una situación sin salida.
En este escenario, es labor de la Presidencia de la República procurar por la armonía entre todos los actores del Estado para llegar a compromisos que le bajen la temperatura al momento, a pesar de que ello vaya en contravía de su propia agenda política. Ese role de la Presidencia, no lo ha entendido el Gobierno.
Es por ello que me sorprende la postura del Gobierno, tan conciliadora, blanda, sumisa y con un lenguaje reposado y políticamente correcto en La Habana, por no decir nada de sus hechos en pro de la firma de la Paz, lo cual se opone a la postura que utiliza acá en el país para referirse y tratar a sus contradictores y dar línea para direccionar el curso de los acontecimientos.
El manejo del poder requiere ante todo tino y guantes de seda y es labor de la Presidencia de la República bajarle la temperatura a la olla antes de que su contendido se rebose. Por ello debemos todos entender que la Paz en Colombia comienza con la Paz y Armonía Institucional de las ramas del poder público y otros actores políticos acá en casa en el mejor interés de los ciudadanos, y que ello es labor de la Presidencia, algo que parece no se tiene claro en estas latitudes.
