La paz es fruto de la justicia
Por Froilán Casas Ortiz
En el mundo entero y de manera especial en nuestra patria, venimos hablando de paz, ya hace muchas décadas. Todos deseamos la paz y sin embargo, vivimos en guerra. Pareciera que la paz es muy esquiva.
Definitivamente los seres humanos somos seres incomprensibles. Con frecuencia, el hombre dice una cosa y en la práctica, hace lo contrario. ¡Qué misterio es el hombre! ¿Quién lo comprenderá? La paz ha sido un anhelo constante de la humanidad. Sin embargo al ojear las páginas de la historia, vemos que del “dicho al hecho, hay mucho trecho”. La ambición, la avaricia, la codicia, la sed de poder político, económico e incluso religioso; son algunas de las causas de ese flagelo que se llama la violencia. El colmo del caso es cuando se guerrea en nombre de Dios. Amigo lector, ¿usted cree que es posible llamar a la guerra, santa? Es absolutamente incomprensible que se mate en nombre de Dios.
La añorada paz sólo podrá saborearse si está precedida de la justicia. El libro Santo nos dice que la justicia y la paz se besan. Dejemos tanta retórica y ataquemos la raíz del problema. Si la justicia es el nuevo nombre de la paz, la injusticia es el nombre de la guerra. Un Estado debe estar armado de una estructura legal justa. Un gobierno sólo será constructor de la paz, si la legislación que impulsa está basada en la justicia social. Un ciudadano es constructor de la paz, si sus relaciones, negocios, transacciones comerciales y laborales, están respaldadas por la justicia. La violencia no sólo se da en las montañas, en el secuestro, la voladura de puentes, oleoductos, torres de energía, etc., también se da cuando engaño al indefenso. En todo negocio deben ganar las partes o perder igualmente las partes. Cuando yo miento y engaño en el trueque de productos, la parte afectada más tarde se dará cuenta y entonces queda resentida. Busque en su vida sumar, no restar. Recuerde que no hay enemigo pequeño. No pelee con el que nada tiene que perder. Son constructores de la paz los que generan trabajo productivo. Un capital al servicio del trabajo es un combate al desempleo, causante de tantos males que aquejan a Colombia y al mundo. Apoyemos toda inversión para erradicar el flagelo del desempleo. Los gobiernos deben facilitar la inversión de capitales, poniendo impuestos moderados a fin de generar trabajo productivo.
Amigo lector, usted es constructor de violencia cuando no paga el salario a tiempo; cuando usted no le da valor agregado a su puesto de trabajo, para que la empresa sea competitiva y no sea borrada del mercado. Un funcionario que maltrata al cliente, está matando su propia fuente de trabajo. Un gobierno que antepone los intereses particulares sobre el Bien Común, genera una violencia institucionalizada. Hay estructuras de violencia que ahogan al débil. Las revoluciones no son fruto del acaso. Los tiranos y caudillos autocráticos, son la consecuencia de una clase dirigente corrupta.
No más discursos, vamos a los hechos. Dejemos la retórica de los paraninfos, de los estudios de televisión, de las diatribas en la plaza pública y produzcamos hechos de paz, siendo sembradores de justicia. La paz no puede ser monopolio de un partido. Todos los colombianos queremos la paz. No califiquemos a los que no están de acuerdo con nosotros, que son enemigos de la paz. Este discurso es una nueva forma de violencia. Estamos cansados con los foros, las marchas y los discursos sobre la paz. No hablemos de paz, vivamos la paz, con hechos no con palabras.
*Obispo de Neiva.
