La patología del derecho
Por Aníbal Charry González
Uno de los grandes sabios del derecho de todos los tiempos, el maestro italiano Francesco Carnelutti, hablando sobre la crisis del derecho en la posguerra, manifestaba que si al riesgo en dirección de la justicia no correspondía una garantía de justicia, o al riesgo en dirección de la justicia, una garantía de certeza, entonces salíamos de la fisiología para entrar en la patología del derecho, y en suma en la muerte del derecho y de la justicia misma con consecuencias letales para el ordenamiento y control de una sociedad.
Pues bien: analizando lo que sucede en Colombia en materia de derecho y su valor supremo que es la justicia, podemos concluir sin elipsis que desde hace mucho rato estamos aplicando la patología del derecho, que es lo mismo que un derecho enfermo y desviado que no sirve para ordenar nuestra caótica y violenta sociedad, que para desgracia de males no solo es patológico y vitando por lo que hacen sus operadores, sino que nace enfermo desde su cuna legislativa para favorecer los privilegios de feudos privados lícitos e ilícitos, que son los que apuntalan y financian un sistema político legislativo infectado que ha permeado todas las ramas del poder público, haciendo posible que no apliquemos la fisiología del derecho para el funcionamiento ordenado de los órganos sociales, sino la patología de que hablara el maestro Carnelutti con sus efectos devastadores para nuestra convulsionada sociedad.
No es sino ver lo que ocurre con todas las ramas del derecho para saber que estamos frente a un derecho enfermo y en cuidados intensivos, desprovisto de originalidad, eficacia y sensibilidad como instrumento para lograr su fin superior cual es el logro de la justicia y la certeza en nuestro Estado social de derecho convertido en un garlito para los asociados. En materia penal tenemos un sistema mal copiado que en lugar de proteger a la sociedad de los delincuentes, los protege en detrimento de la sociedad, convirtiendo a los victimarios en víctimas, y a las víctimas en victimarios, y por eso nos encontramos con casos aberrantes de que los autores de crímenes despreciables son objeto de la benevolencia del Estado gozando de toda suerte de concesiones como ha sucedido con villanos que masacran y trafican, y quienes asaltan a raudales el presupuesto público como el exalcalde de Bogotá Samuel Moreno y los Nule, a quienes la justicia ha sido incapaz de condenar ejemplarmente.
Tenemos una crisis de los encargados de administrar justicia que ha llegado a cotas de desprestigio insuperables por el tráfico simoníaco y por la aplicación patológica y corrupta del derecho desde su origen, donde expedimos leyes que no tienen aplicación práctica en beneficio de la sociedad por falta de voluntad política del Estado como ha sucedido con el Código General del Proceso que no ha entrado a regir plenamente confirmando nuestro aserto de la patología del derecho que aplicamos en Colombia.
ESCOLIO. A propósito el maestro Jairo Parra Quijano presidente del Instituto Colombiano de Derecho Procesal estará mañana en la USCO para hablarnos de la fisiología del derecho.
