La palabra empeñada
El presidente Juan Manuel Santos logró ayer reelegirse para el periodo 2014-2018, en una reñida e histórica contienda electoral, en la que la paz fue plataforma y parte fundamental del debate.
Santos ganó con el 50,94% de los votos, contra un 45,01%, (escrutado el 99,97%), una diferencia representativa de más de 910.000 votos, que le otorga gobernabilidad y lo aleja de la duda de fraude que tanto daño le hace a la democracia.
Santos logró sobreponerse a la derrota de la primera vuelta, conseguir adhesiones importantes en torno a la paz y ganar con una diferencia aceptable.
Ahora viene para él el difícil proceso de apaciguar los ánimos políticos en un país que quedó dividido por las rivalidades y los graves señalamientos que se hicieron durante el debate.
Santos se mantiene en el poder con el compromiso y la responsabilidad de demostrarle a esa parte de los colombianos que no lo apoyaron, que su iniciativa de paz es buena para el país. Los colombianos, los santistas y los uribistas, los de la izquierda, derecha y el centro, los verdes, azules, rojos y amarillos, quieren y anhelan una paz duradera, sin impunidad, sin concesiones exageradas y sobre todo, que responda a un sentimiento nacional.
El presidente Santos se mantiene en el poder con la obligación de velar por la seguridad de todos, inclusive por aquellos departamentos que como en el Huila las mayorías prefirieron al candidato Óscar Iván Zuluaga.
En este aspecto el presidente Santos debe hacer un análisis y buscar las razones que motivaron a la generalidad de los huilenses a no apoyarlo.
En primera medida, así las estadísticas oficiales no lo indiquen, tenemos que reconocer que la seguridad en el Huila y en el sur del país, sí viene en un proceso de debilitamiento.
La percepción que se tiene entre los empresarios del campo y en general de los campesinos, es que la extorsión está en aumento y que la presencia de la guerrilla vuelve a ser visible, algo que indiscutiblemente preocupa, pues nadie quiere regresar a las épocas donde el secuestro y las acciones terroristas eran el pan de cada día.
Ese es sin duda el motivo que llevó a muchos huilenses a apoyar las tesis del uribismo, pues fue en esa gestión cuando el Huila paso de la zozobra a la tranquilidad, que en nuestro caso se tradujo en desarrollo.
Como vemos se trata de razones de peso, de hechos justificados que deben convertirse en compromisos de parte del presidente Santos.
Los huilenses esperan que se revalúe el manejo centralista de la regalías petroleras -como lo prometió en campaña-; que transfieran los recursos nacionales para el Sistema Estratégico de Transporte Público de Neiva, que se respete el medio ambiente, entendido como cero hidroeléctricas y no exploración ni explotación de las cuencas hidrográficas, como también que sea un hecho la anhelada doble calzada hasta Pitalito.
El Huila, como el país entero, está expectante de lo que pueda pasar en los próximos cuatro años. Si el presidente Santos logra la paz en condición equilibrada y benéfica para los intereses de la patria, seguramente pasará a la historia como uno de los mejores, pero si esto no funciona, simplemente será una derrota y una frustración para un país que le apostó a la paz.
