jueves, 16 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-11-07 09:15

La otra guerra que no deja avanzar

Tanto se habla del proceso de paz, el cual ha sido utilizado como bandera política por unos y otros; situación que ha permitido las diferentes posturas, apoyos y críticas.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | noviembre 07 de 2014

No obstante mientras en la Habana siguen las conversaciones que vistas por algunos, no son más que fortalecimiento armado de las FARC y el más largo periodo de vacaciones de sus comandantes y por otro sector de la población como el camino más cercano para alcanzar la anhelada paz que para quienes nacimos durante las últimas cinco décadas no la hemos conocido.

Mientras tanto no cesan ataques, secuestros, acciones terroristas que atentan contra la población civil y que sin duda dejan rastros de horror, desolación, desplazamiento, mutilaciones, huérfanos y viudas que engrosan los cordones de miseria en campos y ciudades tal como también lo ha hecho la corrupción en este país; esa que tal fuera soporte de la lucha insurgente, antes que esta  perdiera la esencia de la defensa de una filosofía que permitía soñar a quienes la sustentaron, argumentaron y tal vez defendieron en pro de la igualdad, oportunidades, de la responsabilidad del estado e incluso por la auténtica soberanía de un pueblo basada en el respeto a sus propias decisiones, la seguridad alimentaria, la terminación del modelo feudalista y latifundista, la  oportunidad de la familia a la propiedad de tierra y la razón de ser de este país, como es el apoyo al campo Colombiano.

Hoy  todo esto, es parte de la retórica que manejan los encargados de la negociación e incluso de quienes se oponen, permitiendo ser cortinas de humo para el pueblo colombiano y que a su manera manejan unos y otros, secundados por quienes al  servicio del estado, de la oposición y tal vez de la subversión argumentan y cuentan a su modo lo que sucede alrededor de tan dinámica situación.

Otra situación que no es ajena al subdesarrollo, a la mediocridad, mezquindad, discriminación, persecución y que con dolor vivimos los colombianos y que para el caso de los huilenses por estos días se convierte en vergüenza, sustenta la guerra sucia, la falta de asociatividad regional, de sentido de pertenencia, de valorar lo nuestro, de saber que donde hay un huilense, este nos representa y que a aun como hijos de esta tierra opita donde también somos distintos, ello no nos puede hacer indiferentes para hacer equipo y buscar que unidas las fuerzas podamos entre todos ayudar a la construcción de una nueva sociedad. Por ello me aterra cuando leo en los periódicos y escucho a través de los medios de comunicación que la marrulla, la zancadilla, la cizaña y la gestión oscura de algunos personajes que no permiten seguir avanzando, que esas prácticas con las han tumbado gobernadoras, intenten revocar alcaldes e impiden que otros lleguen o se mantengan fortalecidos en su trabajo, gestión; e incluso pidiendo, decapitando la mínima y única representación huilense de orden nacional; todo porque no hacen parte de su corte de corifeos.

Definitivamente el diablo es puerco y mientras existan individuos que no tengan más que odio, resentimiento, mezquindad y la insaciable ansia de poder al precio que sea, no podremos ver una paz integral que permita avanzar en el desarrollo sostenible y participativo que genere respeto, consideración a ese prójimo que representa una comunidad como la opita que también anhela la paz, tal vez  viendo a sus hijos reconciliados y creciendo unidos en servicio a la región.