La osadía de Mateo
Marco Fidel Yukumá
En esta esquina
El actual presidente del Concejo de Neiva Mateo Trujillo, puede pagar caro, muy caro, su lógica decisión de emprender una especie de campaña contra la corrupción, representada en un cúmulo de vicios y tradiciones malévolas que han echado raíces en la Corporación desde hace muchos años.
Su valiente y muy particular actuar lo catalogan la mayoría de concejales como payasadas, simplemente porque ha empezado a romper con esa serie de vicios que han acabado con la credibilidad de la institución. Está empeñado en suprimir las sesiones de los domingos, cuando los concejales asisten exclusivamente a contestar la lista y se van, pero reciben sin ningún problema los honorarios como si hubieran realizado una jornada intensa de debates y demás.
Inexplicablemente les dolió en el alma a los miembros de la corporación, incluidos los integrantes de la bancada verde, y a la misma profesora Leyla, que no ha pronunciado una palabra sobre el tema, las gravísimas denuncias que hizo Mateo contra el gerente de la ESE Carmen Emilia Ospina, David Cangrejo, tratando de frenar su reelección que es fatal para la entidad, por los pésimos resultados de su gestión y todo lo demás que se sabe.
Tratar de oponerse a la reelección de Cangrejo, un funcionario con cola enorme de paja, fue la peor salida de Mateo. Con esta posición desafió la soberbia de las mayorías, incluidos sus compañeros de bancada que ya están acomodados y aprendiendo al pie de la letra cómo se debe maniobrar en el concejo para ser exitosos y abrirse paso en la vida política de la ciudad y del departamento. Saben que si salen a respaldar a su compañero de bancada en esta lucha contra la corrupción, los pueden señalar, entonces prefieren el silencio y el sometimiento para no amenazar sus pretensiones burocráticas y demás.
No tiene nada que hacer Mateo en medio de una mayoría que se aferra con patas y dientes a las prácticas clientelistas, a las componendas para elegir personero y contralor, y las muy tradicionales presiones politiqueras para obtener lo que se proponen y bloquear lo que se les atraviese. Los esfuerzos de cualquiera que intente acabar con esta tradición, con este influjo radical de mañas y mañas son suicidas, son imposibles, son hasta ilógicas en ese mundo subnormal del clientelismo y las artimañas.
Aquí lo único importante es que el payaso, como denominan los concejales a Mateo, ha logrado despertar una simpatía arrolladora en las redes sociales, circunstancia menospreciada por sus mismos amigos, sin saber que ahí detrás crece un monstruo que en el universo de la tecnología se mantiene despierto y en cualquier momento ataca. Debe por lo tanto, el presidente del concejo seguir haciendo el ridículo, seguir enviando mensajes, seguir fortaleciendo su discurso contra la corrupción en el seno de la Corporación, seguir payaseando porque afuera sus seguidores disfrutan de sus torpezas, pues ellos si han logrado interpretarlas.
Para la mayoría de concejales Mateo se ha especializado en hacer el ridículo desde que conquistó la presidencia, y en rendir culto a lo absurdo, pero lo que ocurre es que no es como todos, se moviliza en moto, vive descomplicado, es humilde, no se precia del poder regalando mercados, y aunque despierta risas irónicas en cada sesión, sigue en lo suyo. Es un payaso genial.
