La opción Peñalosa
Las elecciones del próximo domingo son la primera vuelta para elegir presidente. Como nadie tendría más del 50 por ciento de los votos para ganar, habrá –entonces- segunda vuelta el 15 de junio.
Es equivocado pensar que solamente hay dos candidatos (Santos y Zuluaga) porque sobre la mesa están los nombres de Enrique Peñalosa, Marta Lucía Ramírez y Clara López, capaces –cada uno con sus méritos- de conducir los destinos nacionales.
Para quienes están mortificados por la pelotera entre Santos y Zuluaga (Uribe), la opción de Peñalosa es excelente. Como él mismo lo dice, es un mal político pero un buen gerente. Sería un gran presidente.
Peñalosa, casado con opita, transformó Bogotá en menos de tres años (en su tiempo ese era el período) y puso a la capital colombiana en el sitial de ciudad moderna que hoy ostenta, a pesar de que posteriores administraciones derrumbaron Transmilenio y no mantuvieron la ruta de crecimiento.
A Peñalosa lo invitan a dar conferencias sobre urbanismo en todo el mundo, confirmando la tesis de que nadie es rey en su pueblo. Mientras recibe admiración y aplausos en el exterior, aquí algunos lo condenan por haber puesto unos bolardos que sólo pretendían disciplinar al ciudadano. Recuerden ustedes los carros parqueados en la 15 o en cualquier avenida, en medio de la mayor anarquía del trasporte. Sin hablar de la carrera décima y la caracas, otras vías atestadas de buses viejos.
Peñalosa es decente, honesto, buen hombre. Y –por su alcaldía de Bogotá- pienso que cambiaría este país en infraestructura y en otros campos. Con mucho simplismo y razón dicen que para gobernar bien sólo se requiere voluntad, conocimiento y no robarse la plata. Peñalosa ha demostrado tener arrojo contra la politiquería, además de administrar con eficiencia y pulcritud.
Por su parte, Marta Lucía Ramírez y Clara López, para quienes comparten sus posiciones ideológicas (la primera conservadora, la segunda del Polo) constituyen otra posibilidad electoral.
Está en juego también, sobre todo en la primera vuelta, el voto en blanco, una manera democrática de expresar inconformidad y rechazo por lo que está pasando en el país político. Aunque no es fácil, si ganara el voto en blanco habría una posterior elección con otros candidatos, UN revolcón sin precedentes en la política nacional.
“Ya para terminar” –como decía Darío Silva en su noticiero de televisión- sólo queda pedirle a todos un voto a conciencia, pensando en el futuro del país. El sectarismo sólo trae barbarie. Una decisión tranquila, reflexiva, serena…nos conviene a todos.
