La mujer de víctima a forjadora de paz
Por Consuelo González de Perdomo
Tanto los conflictos armados, como las guerras y la paz, han estado presentes desde los inicios de la sociedad humana, y casi siempre, en los mitos, el arte, la literatura, posiciones sociales han ligado la figura masculina con la guerra y a la mujer asociada a la PAZ. Sin embargo las mujeres y los niños han sido las primeras víctimas de la guerra moderna que no distingue, entre combatientes y no combatientes.
A la mujer se le presenta, por los hechos, como víctima o como parte de la población vulnerable, sumándole la desigualdad y la discriminación por ser mujer. Ha sido sometida a violaciones de todo orden, a la desintegración de sus familias, desplazamiento, secuestro, tortura y demás acciones crueles de la guerra. Hoy por acción del DIH se está invirtiendo a la igualdad entre géneros y al empoderamiento de la mujer para enfrentar las causas base de la violencia, rompiendo el silencio ellas y buscando justicia y apoyo. He referenciado diversas situaciones y estados de la mujer en conflicto, siempre como víctima o parte de la población vulnerable, pero debo referirme también al papel de la mujer mediadora, papel que casi nunca se le ha reconocido. Es indudable que hoy cuando se habla de conflictos armados o guerra se empieza a reconocer el gran papel de la mujer como negociadora, mediadora o colaboradora en la resolución de conflictos, tal vez porque con nuestra especial función de dar y sustentar vida poseemos una gran sensibilidad, entendemos más la vulnerabilidad, la indefensión o la desigualdad, aptitudes estas que se vuelven esenciales para lograr relaciones pacíficas.
El papel importante que se debe reconocer hoy a la mujer es el que ha desempeñado como mediadora, colaboradora, conciliadora con su comunidad durante todas las épocas y estas acciones hacen que se vuelvan imprescindibles para la búsqueda de soluciones. Hoy con ellas de la mano, con sus valores, sus acciones, sus opiniones, priorizando los valores del diálogo, anteponiendo la seguridad humana para evitar la violencia debemos construir un nuevo modelo de sociedad donde la cultura de la paz y la igualdad de los géneros sean valores fundamentales y que el rol que se permita a la mujer no siga siendo el de sujeto pasivo, invisible a veces y de victima frente al hombre combatiente, sino que se les permita asumir el de Forjadoras de Paz. Estoy segura de la capacidad de la mujer y por ésta, ellas pueden generar enfoques novedosos y necesarios para la edificación de la paz.
Felicitaciones múltiples y un gran reconocimiento a la mujer huilense en esta fecha, y mi invitación para que en un esfuerzo común pasemos de una cultura de guerra a una cultura de paz.
