La memoria
Estos días volví sobre el “Diario de Ana Frank”, seguimiento descarnado de miembros de una familia judía víctima de la persecución nazi en Holanda.
Para quienes no han leído la historia, dos familias y un médico, ante los encarcelamientos y muertes provocados por las fuerzas de seguridad alemanas después de la toma de la ciudad de Ámsterdam, deciden guarecerse en refugio estrecho, con la implicación de vivir aislados y en condiciones precarias. Habían fingido escapar a Rumania. Entonces, una chica entrada en adolescencia, hace el relato de aquella vida en auto-prisión, de donde finalmente son sacados y llevados a campos de concentración donde son asesinados por pertenecer a la raza judía. Allí se plantea la fobia que practicaban los nazis contra lo que no fuera su raza: se burlan de las condiciones americanas, y que los negros representen a los Estados Unidos en justas deportivas.
El relato no dejaría de ser una historia descarnada, sino es porque ha entrado en auge, de nuevo, en Europa y América, los grupos neonazis. En Colombia, con peligrosa vigencia, la derecha fascista intenta copar las esferas ideológicas, políticas y religiosas. Con sofismas como la seguridad, la disciplina, la patria, ponen en la picota pública a quienes profesen formas de pensar diferente, e intentan implementar modelos dictatoriales, con la justificación dogmática de perpetuar una postura, una idea política. No está fuera del contexto nazi-fascista creerse elegido, significa un peligro las posiciones de los salvadores, de redentores espirituales, que camuflados desbordan legalidad y violan el código penal.
No es aislado que una señora loca se crea con poder profecía, descalifique y hasta sentencie con penas de castigo eterno a quienes no comulgamos con sus prácticas. Con el mismo sentido de ciego respaldo, sus seguidores sentencian a quienes están fuera de su secta como culpables de todos los males humanos, y con ese discurso sus dirigentes llenan las arcas, hacen turismo, adquieren bienes, captan dinero del público sin que los donantes adquieran algún beneficio, una extraña mezcla de pirámide y credo, donde los beneficiarios son quienes están en la parte de arriba, y los de abajo ponen trabajo y diezmos en su beneficio. Igual que Josef Mengele, consideran a las personas con limitación física como escoria social y justifica por lo menos su aislamiento. Dentro de poco van a decir que quienes no se ajustan a su modelo debemos ir a hornos crematorios y cámaras de gas, o por lo menos a campos de concentración donde seamos esterilizados. Y desde lo político han hecho una buena labor de eliminación física, encarcelamiento o muerte política e ideológica.
Frente a esta similitud de peligros, obsta decir que los hechos del nazismo sucedieron muy lejos de acá, en la vieja Alemania y en el siglo pasado. Por lo tanto no nos afectan. Pero las patologías homofóbicas renacen todos los días, están a la vuelta de la esquina, muchos hay que quieren imponer sus ideas y modelos mediante la eliminación de sus contradictores. Llegan a afirmar que el error de Hitler no fue haber matado millones de judíos y de otras razas, sino no haberlos eliminado a todos. Ante esas manifestaciones, desde lo religioso y desde lo político, nuestras leyes se quedan muy chatas, y sofisma como la libertad religiosa, hacen mucho daño.
