viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2014-05-14 10:00

La lumpenización de la política nacional

Si alguien tenía dudas sobre el grado de degeneración política de las élites gobernantes, que repase los acontecimientos de la semana que pasó.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | mayo 14 de 2014

Chuzadas, sobornos, insultos, procacidad, guerra mediática sucia, bajezas…, fueron el tono dominante en las actuaciones de los equipos de campaña de las dos principales candidaturas del establecimiento: la del candidato-presidente y la del candidato-títere. Se echaron mutuamente el barril de los puercos. No nos podemos sorprender de que ese sea el comportamiento de un sector social que se caracteriza por el parasitismo. Un parásito es un ser que vive de otro. Y en eso se han convertido las élites que gobiernan a Colombia, en esta época de la globalización y el libre comercio capitalista. Cómo dice el senador Robledo, es una clase que separó su suerte de la del resto del país: “a ellos les va bien si a la nación le va mal”, sentencia.

Es bueno entender que las posiciones políticas reflejan, en el fondo, intereses económicos. Las élites colombianas han conformado una plutocracia que se rota el control del estado para favorecer sus particulares intereses. De esa forma se amasan fortunas, se construyen andamiajes institucionales que construyen y mantienen privilegios, usufructúan los gajes del poder, etc., sobre la base de despojar a las mayorías dedicadas –con mucho esfuerzo– al trabajo y a hacer empresa. Es el parasitismo por excelencia. Si a eso le sumamos que una de las fuentes de su enriquecimiento, es el sucio negocio del narcotráfico y sus actividades conexas, negocio cooptado por las élites dominantes, podemos empezar a entender la naturaleza de su cultura y sus comportamientos afines: la cultura mafiosa que se tomó al país.

El estilo de los jefes de cada una de las facciones de la lumpenburguesía, hoy enfrentados a dentelladas por el control del estado, es el de verdaderos “capos”. A la usanza de sus orígenes italianos, como la “cosa nostra” o la “mafia”, o la “familia”, estos caudillos reeditan sectas de fanáticos a quienes les crean un mundo a su imagen y semejanza, que  pretenden imponer al resto de los colombianos. El “castrochavismo” es, por ejemplo, una sus creaciones, mientras ocultan que son las políticas promonopólicas que ellos imponen la verdadera causa de las dolamas de los colombianos: o será que los arroceros se quiebran por el “castrochavismo” o por los tratados de libre comercio.

Si la base económica de esa lumpenburguesía es el capitalismo financiero parasitario al que sirven y a quien han entregado el país, y el narcotráfico en todas sus modalidades, podemos comprender sus actuaciones. Como no tienen vínculos con los sectores reales de la economía: la industria, el agro, el comercio, los servicios, a quienes desprecian, no son serios ni son responsables. Ponen por encima sus egos frente a las urgencias y necesidades de los ciudadanos nacionales.

No nos engañemos, esa es la clase dominante que produce el sistema basado en la inequidad y la desigualdad social, el sistema de todo para ellos y sus amos, nada para el resto. La única solución es cambiar el régimen. Una tarea de las mayorías.