sábado, 11 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-12-14 08:47

La laicidad del estado

Froilán Casas

Escrito por: Froilán Casas
 | diciembre 14 de 2016

En el desarrollo de la vida democrática, se llegó a la conclusión que es más sano separar la Iglesia del Estado, -bueno, es en los países de cultura cristiana en donde más ha evolucionado este concepto-.  La separación no significa  ruptura. Si la democracia es el gobierno de las mayorías, sin irrespetar a las minorías, las creencias de un pueblo deben respetarse. Un Estado laico no es el que pisotea las creencias de un pueblo, es el que las protege. La Corte Constitucional, ha venido interpretando la Carta, excluyendo toda manifestación de fe en la vida pública. Impedirle al hombre expresar en su vida pública sus sentimientos religiosos es castrar al hombre, es como reconocer que el hombre ama, pero que no puede expresar públicamente su amor. ¡Qué absurdo! La Iglesia Católica no es una advenediza en la historia de Colombia; ella ha contribuido grandemente en la construcción de la patria. La ignorancia es atrevida. Se desconoce la labor de la Iglesia en la asistencia social a lo largo y ancho del país. Es más, allí a donde nunca ha hecho presencia el Estado, está haciendo presencia la Iglesia. El Estado recibe la tributación de los colombianos trabajadores y de ellos la mayoría son católicos; en cambio la Iglesia, se sostiene con las ofrendas que generosamente dan los feligreses y que, además, pagan sus impuestos al Estado. Nos han sacado de la escuela, de los hospitales; hay cierta hostilidad en algunos ordenadores de gasto de confiarles  programas asistenciales a comunidades religiosas. Tienen sus reservas, ¿les hemos robado? ¿No será que se esconden otros intereses? Los ministros católicos somos mirados con desdén en algunos círculos del sector público. En el Huila este fenómeno no se da, por fortuna. Por doquier se ve el cariño de autoridades y diferentes grupos sociales por contar con la presencia del ministro del Señor para que dirija una oración. Nos acaban de sacar del SENA, entidad que cofundamos junto con la UTC y el gobierno de la Junta Militar en junio de 1957. Sí, ya les fastidiamos. ¡Qué ingratitud! ¿Con qué derecho piden igualdad quienes no han aportado nada? A la Corte Constitucional le faltan otros pasos: quiten el nombre de Dios del prólogo de la Carta; saquen el nombre de Dios del escudo de la Policía Nacional. Por favor, supriman el nombre domingo que significa "Día del Señor"; por favor, supriman la navidad, pues celebrarla es un irrespeto a los no cristianos. Por favor, supriman los nombres de pueblos y lugares que estén enumerados en el santoral cristiano. Por favor, como hicieron los fanáticos del régimen del terror, supriman el calendario cristiano e introduzcan otro que no tenga como referencia a Cristo. Los comunistas han detestando el nombre de Cristo, no lo mencionan en su calendario. Ante todo lo que pasa y lo que falta aún por pasar: los cristianos católicos seguimos callados. ¡En nombre de la libertad cuánta barbarie! Sobre la Corte Constitucional está el constituyente primario. Pero sobre uno y otro está Dios, quien juzgará a la hora de la muerte, para Él no hay ninguna investidura