miércoles, 15 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-09-27 08:53

La justicia máxima es la paz

Jhon Jairo Trujillo Quintero

Escrito por: Redacción Diario del Huila | septiembre 27 de 2015

El Acuerdo sobre justicia transicional y restaurativa de la mesa de conversaciones de la Habana, representa un avance sustancial para la firma de un tratado de finalización del conflicto armado. El dialogo sensato y razonable fue posible, entre otros factores, por el trabajo significativo de la subcomisión jurídica, integrada por dos eminentes juristas colombianos, los exmagistrados de la Corte Constitucional, Juan Carlos Henao Pérez y Manuel José Cepeda Espinosa, e igualmente, por el estadounidense Doug Cassel, junto con el asesor jurídico de las FARC, el abogado español Enrique Santiago. La valiosa contribución jurídica de la subcomisión, conformada a finales de julio, fue clave para llegar a un nuevo acuerdo, casi un año y medio después del acuerdo sobre drogas ilícitas y narcotráfico.  

La propuesta de una Jurisdicción Especial para la Paz, no sólo es creativa y estructurada, es también un llamado directo a los operadores jurídicos sobre la función social del derecho en realidades adversas. El derecho debe estar al servicio de la justicia y no la justicia al servicio del derecho; los ideales y principios jurídicos deben guiar la construcción normativa, no hay que olvidar que la justicia en sentido amplio, va más allá del sometimiento del victimario, de la exclusión del vencido; la justicia ha sido instituida desde los ideales de la convivencia pacífica y la solución armónica de los conflictos.

Infortunadamente, las malas noticias y los trágicos acontecimientos, han sido una constante en nuestro país, tal vez por aquella razón, cuando la realidad se torna más favorable y esperanzadora, nos nubla la cruel herencia del escepticismo, y es algo que no podemos permitir, la rememoración de frustraciones pasadas, no puede robarnos este pedacito de alegría que tanto nos merecíamos.

El conflicto armado nos ha acostumbrado a escenarios paradójicos como la celebración absurda por la muerte de un guerrillero o el dolor profundo por la muerte de un soldado; sin embargo, hoy tenemos una felicidad única y verdadera, no nos unen las consecuencias nefastas de la guerra, o el fantasma inducido de un enemigo común, nos une la esperanza sublime e inagotable de la paz.

Muchos desearían una paz desprovista de esfuerzos y sacrificios, alejada de dificultades y paciencia; como diría Estanislao Zuleta, sobre la idea de la felicidad, “en lugar de desear una relación humana inquietante, compleja y perdible, que estimule nuestra capacidad de luchar y nos obligue a cambiar, deseamos un idilio sin sombras y sin peligros, un nido de amor y por lo tanto, en última instancia un retorno al huevo”.  La paz al representar la aspiración máxima de la humanidad, es un proceso complejo y tardío, no irreductible al juego de los vencedores y los vencidos, es mucho más que eso, la paz convoca al entendimiento entre las diferencias, no para suprimirlas o ignorarlas, sino para construir a partir de ellas. 

La guerra nos ha conducido por senderos de dolor y escepticismo; hoy por vez primera, el sueño de la paz nos debe unir en la esperanza de la reconciliación y la construcción de un nuevo país.