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Opinión/ Creado el: 2017-01-31 08:30

La intolerancia de Donald Trump

Pedro Arias

Escrito por: Redacción Diario del Huila | enero 31 de 2017

El fundamento mismo de la sociedad y de la democracia se basa en el debate; su excelencia reside en la confrontación de ideas y lejos de ser un error discrepar, éste debe ser un bien político apreciado.

Del respeto a la diferencia depende la realidad de los derechos fundamentales de las personas. Y eso se llama tolerancia, quees un concepto íntimamente ligado con el de libertad. Los sistemas políticos más vinculados a la tolerancia son aquellos que regulan el ordenamiento del Estado en torno a la democracia como principio básico y esencial de su funcionamiento social y político. En cambio, la antítesis de la tolerancia estaría representada por los sistemas políticos teñidos por la autocracia, el totalitarismo o por actitudes personales o sociales relacionadas con el fanatismo en todas sus formas, el religioso, el racismo, la xenofobia o el nacionalismo a ultranza.

Ante la actitud intolerante de Trump en contra de los periodistas, que se han atrevido a cuestionarlo o a contradecirlo, The New York Times anunció el fortalecimiento del periodismo de investigación que escudriñará las políticas, las acciones, las declaraciones y hasta los aspectos más secretos de la vida privada del presidente y de sus acompañantes en el gobierno. Esta ofensiva periodística es lo que esperan muchísimos norteamericanos que hoy protestan contra las arbitrariedades de este personaje porque sienten que los derechos civiles, la rendición de cuentas y la libertad de expresión de la democracia estadounidense se ven amenazadas.

Como nada bueno se espera de la relación de la Casa Blanca de Trump con la prensa, The New York Times prometió que se mantendrá como “perro guardián” de todo lo que haga Trump para informar con objetividad a la sociedad. Ojalá así sea porque se avecinan tiempos muy difíciles, para los más débiles.

Quedó perfectamente claro que Trump está motivado por la intolerancia racista, lo mismo que muchos de sus seguidores. Trump es el único presidente, en la historia reciente de los EE.UU., en haber usado la intolerancia como la base de su campaña electoral. Se inició, probando la temperatura del agua, con charlas intolerantes diciendo cosas horribles contra los hispanos, en general; luego probó hablando pestes de los musulmanes, después contra los afroamericanos y finalmente arremetió contra los mexicanos, alegando la protección nacionalista, que recuerda el discurso de Hitler cuando asumió la Cancillería de Alemania.

Y, así mismo, quedó perfectamente claro que su apoyo provino de la gente que estaba de acuerdo con su postura de “red neck”, ofendidos de que hubiera un presidente afroamericano en la Casa Blanca y triplemente ofendidos con la posibilidad de que a un negro le siguiera, por primera vez en la historia de los EE.UU., una mujer presidente.

En la sociedad americana, hay un grupo de personas ignorantes, y no tan ignorantes, convencidas de que EE. UU. es un país anglosajón, que siempre lo ha sido y esperan que siempre lo sea. Y, como no han podido controlar el flujo de los inmigrantes (que han hecho grande ese país), pretenden controlar y minimizar los derechos de los hispanos, de los musulmanes, de los afroamericanos, de las mujeres y de los homosexuales.

La retórica de Trump ha incentivado a la derecha radical y esto se puede ver en su propio sitio web. Es posible que hasta los incentive a tomar acción, como lo hacía el Ku-Klux-Kan en los estados sureños.

Si la gente tiene miedo de lo que “les corre pierna arriba”, no están equivocados de sentir temor y tienen todo el derecho de tener miedo porque las órdenes ejecutivas de Trump inducen a generar ese tipo de miedo. Y lo que falta.

Por fortuna, una juez federal emitió la orden de suspender temporalmente la de Trump que prohíbe la entrada a los EE.UU. de refugiados en general y de inmigrantes, en particular, de siete países de mayoría musulmana. Sostiene, en su dictamen judicial, que la orden ejecutiva de Trump no debe aplicarse a quienes estaban en posesión de documentos legales de las autoridades estadounidenses, o a quienes estaban ya en tránsito hacia EE.UU. cuando Trump la emitió.

Por primera vez, en una semana de decretos presidenciales, alguien sale en defensa de las personas que quedaban en el limbo jurídico con la aplicación inmediata de estas reglas migratorias. También ordenó la libertad inmediata de las personas detenidas en los aeropuertos de EE.UU. por razón de la orden presidencial. La medida judicial, sin embargo, no determina si la orden ejecutiva de Trump respeta o viola las leyes de los EE.UU. 

La tolerancia, manejada con prudencia, es sinónimo de sabiduría. El comportamiento tolerante es un claro signo de madurez y de paz interna. Generalmente es intolerante, el que tiene miedo, el que se siente inseguro, el que piensa que su verdad es la única existente. Y ese es el caso de Donald Trump. Dios salve a América.