La indisciplina social
El propósito fundamental de esta columna, es hacer conciencia ciudadana, reivindicar las nociones de orden y disciplina ciudadanas y presentar opiniones del acontecer cotidiano; todas relacionadas.
Muchas veces hemos opinado que no se puede concebir una Nación que se motive por la coerción; debe serlo por la fuerza de su propia motivación. Y ésa motivación sólo puede estar incentivada a su vez por el convencimiento de que lo que la motiva es el bien general.
El Estado ideal no es aquel donde la fuerza es la que obliga a sus ciudadanos a comportarse de una u otra manera, donde la coerción es la que motiva los comportamientos de la sociedad, sino aquel donde la conciencia de que lo que se hace o debe hacer es porque nos conviene a todos, porque es lo mejor para todos. Porque es el bien y no el mal, en resumen.
Pero en Colombia adoptamos normas para todo, como si el sentido común no bastara. Por eso es que se ha vuelto moda decir “que el sentido común, es el menos común de los sentidos”. Por ejemplo, prohibimos la invasión de andenes y calles, cuando ya de por sí eso es un contrasentido frente a la férrea defensa que hacemos de la propiedad privada.
Si algo necesita el Medio Ambiente es el orden y disciplina social. ¿Cómo así que en Neiva aún observamos indisciplinados motociclistas botando bolsas plásticas a las calles? ¿Cómo es que todavía hay familias que hacen “paseo” al Caguán para botar bultos de basura? ¿Cómo es que desde la ciudad capital del Huila todavía avistamos grandes humaredas que dejan las quemas de bosques y pastizales?
La indisciplina ambiental, en particular, hace parte de un círculo vicioso en detrimento de la sociedad; no hay plata que alcance en las corporaciones autónomas regionales o en los municipios para poner botes de basura en cada esquina al menos, o para mantener costosos equipos de recolección, o para construir adecuadas plantas de tratamiento tanto para residuos sólidos como líquidos mientras el ciudadano no las use, no las cuide o las use para lo que no.
Somos muy pobres, en calidad humana. Culpamos de todo a los demás. Porque somos conscientes de nuestros derechos pero muy poco de nuestros deberes: culpamos al Estado, cuando somos parte del Estado; a los políticos cuando somos nosotros los que elegimos a los mismos con las mismas; culpamos a los militares como si la “sociedad civil” no fuera parte del conflicto; a la falta de riqueza, cuando desborda nuestra capacidad de aprovecharla; a la Policía cuando no denunciamos...en fin.
Todos somos responsables; por nuestra indolencia, por nuestra incapacidad y por nuestra irresponsabilidad. ¡Seamos disciplinados!
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