lunes, 13 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2016-02-18 08:51

La imagen de una institución

Las instituciones del Estado han perdido la credibilidad y el respeto. Esto no se debe a que el objeto social de ellas esté desfigurado, sino a las malas conductas de sus funcionarios.

Escrito por: Redacción Diario del Huila | febrero 18 de 2016

Por ejemplo, si nos referimos al Congreso de la República, han sido tanto los escándalos que ya generan dudas ciertas actuaciones y a veces prevenciones hacia los congresistas. Pero este no es el único caso, en otras instituciones la pereza de los funcionarios han generado una imagen desfavorable y de inoperancia de las mismas.

El caso de la renuncia del general Palomino, indudablemente genera controversia al interior de la institución y refleja una imagen desfavorable para la Policía. Pero el hecho de que se genere una imagen desfavorable, esto no justifica que se deba ocultar lo que al interior de ella se hace.

Mejor dicho, no se puede ser cómplice con la corrupción bajo el amparo de la institucionalidad, pues las entidades del Estado tienen como obligación  procurar la pulcritud y la honestidad de sus funcionarios, todo porque hay un derecho disciplinario que los sanciona sino son correctos.

Es por esto que instamos a que los empleadores de las instituciones del Estado deben dar muestras de rectitud y sancionar a sus empleados que incurran en delitos o en conductas reprochables. No puede ser que las instituciones pierdan credibilidad (que es lo único que las sostiene) por culpa de unos pocos irresponsables.

A propósito de este hecho que hoy puso en la picota pública a la Policía, es pertinente advertir que en el Concejo de Neiva, en algunas ocasiones se desarrollan supuestos debates, que en la realidad no lo son como tal, por el contrario son vergonzosos comentarios que no ayudan a construir democracia sino a fomentar chismes y apreciaciones erróneas.

De modo que los últimos hechos coyunturales en el orden nacional, nos obligan a pensar que los concursos de selección de servidores públicos deben depurarse, y escoger a las personas más pulcras que no pongan en riesgo el buen nombre de las instituciones.