La hora del planeta
Editorial
De acuerdo a las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), anualmente mueren cerca de siete millones de personas, por culpa de la contaminación ambiental. Es preocupante la situación que están viviendo los seres vivos, porque el deterioro de los recursos naturales es cada vez mayor. En muchas ciudades del mundo, se presentan oleadas de smog en las principales ciudades del mundo, por el exagerado uso de energías de origen fósil, en el transporte y producción de bienes y servicios, que están creando una permanente degradación de los niveles de bienestar de las familias que habitan dichas urbes. Esta problemática no solamente ocurre en los países extranjeros. Desde el año anterior, se ha ubicado una capa espesa de contaminación sobre la ciudad de Medellín, que en otrora se consideraba, como la capital primaveral de Colombia, sin ningún rasgo de contaminación. Las autoridades locales, han tomado la decisión, el jueves pasado de decretar la alerta roja, por las emisiones de material particulado en suspensión. Medidas antipopulares, como la ampliación del pico y placa durante las 12 horas diarias para todos los vehículos particulares que pasaron de 4 a 6 dígitos, dejando de circular, cerca de 450 mil carros en el Valle de Aburrá. Igualmente, en la capital de la república, se empezó desde el mes anterior a presentar dicha anormalidad. Lo anterior, nos hace repensar sobre la aplicación de las políticas públicas que se están aplicando dentro del esquema del Sistema Nacional Ambiental. Desastres naturales como avalanchas, inundaciones, deslizamientos, son entre otros factores detonantes, que están creando unos desequilibrios en el hábitat de los seres vivos, que están siendo provocados en muchas ocasiones, por la tala de bosques, incendios forestales, utilización de técnicas inadecuadas en las practicas agropecuarias en zonas de altas pendientes.
Por tal motivo, 170 países del mundo, participaron anoche de la jornada La Hora del Planeta, mediante el apagón voluntario de todos los dispositivos luminosos y artefactos eléctricos, como un símbolo emblemático, que busca llamar la atención mundial, sobre el cambio climático. Esta jornada que se ha institucionalizado anualmente para alertar sobre el progresivo calentamiento global, provocado por la combustión del carbón, petróleo, gases de los vehículos, y plantas de energía. Cada vez se cuentan con mayores adeptos a estas loables actividades que enaltecen la voluntad de todos los seres humanos, que buscan ansiosamente tener la oportunidad de vivir armónicamente con los recursos naturales y garantizar a las nuevas generaciones, un entorno que les garantice un ambiente sano y sostenible. Vivimos en un mundo gobernado por la avaricia y el deseo incontenible de tener poder. Poder para comprar, poder para vender, poder para pasar por encima de los demás, para seguir construyendo desigualdad y mostrarles a todos, en las redes sociales la felicidad comprada. Afortunadamente, desde hace un par de generaciones, existen grupos pequeños de personas queriendo hacerle frente a tanta indiferencia y queriendo relacionarse con el entorno de manera más justa y equilibrada.
