La hora 25
Para escribir este artículo me inspiro en la obra del novelista estadounidense David Benioff, obra llevada a la pantalla por el rumano Constantin Virgil Gheorghiu en 1967.
Me salgo un poco de la descripción antisemita y me voy a una descripción del discurso de los derechos y el silencio o la sepultura de los deberes. Si para los judíos la hora 25 fue el intento por acabar su etnia por el cruel genocidio nazi; hoy la hora 25 es un intento por acabar la convivencia ciudadana por el grito de los derechos y el funeral de los deberes.
El Estado Social de derecho es un sofisma de distracción. Traduzcámoslo mejor ESTADO INDIVIDUAL DE DERECHO. Al tutelar solo los derechos se han conculcado los deberes. Este es un país anárquico, cada quien hace lo que le venga en gana. Invade el espacio público, pone música a todo volumen, amargándole la tranquilidad a los vecinos. La pobreza mental es tan grande, que se quiere “descrestar” al otro con el equipo de sonido de última generación que la sociedad de consumo le ha impuesto al cliente. Es que quien no ha visto a Dios, de verlo se asusta. Pertenecemos a la sociedad del ruido y pocas nueces. La palabra discreción se ha borrado de los diccionarios. Todo es alarde de grandeza. A un bus destartalado, lo marcamos con CLASE EJECUTIVA. Un restaurante de medio pelo, ofrece un menú para ejecutivos. Todos queremos ser clase VIP, viviendo llenos de harapos. Nuestro desorden es ancestral y sin embargo gritamos que somos de clase mundial. Como dice la canción: ¡Palabras, palabras, palabras, tan sólo palabras! ¡Qué horror! Sale un deportista y le damos culto y lo ponemos en cuanta baratija haya. Se subastan las camisetas y somos tan tontos y tan pobres de espiritualidad, que quedamos debiendo a cada santo una vela, con tal de adquirirlas. ¡Qué mentalidad tan pobre! Nos consolamos con tan poca cosa. ¡Qué falta de autoestima! Una persona es admirable cuando tiene una conducta integral. No centremos la grandeza de un hombre en los pies; centrémosla en la integridad de su conducta moral. No seamos tan mediocres en nuestras mediciones.
La sociedad está tan degradada que parece haya llegado la hora 25. La hora 25, parafraseando a F. Nietzsche, es la trasmutación de todos los valores. Hoy ser honesto es vivir en el lugar equivocado, pues el vivo vive del bobo. Hay una cosa rara en Colombia, pues a pesar de tantos cleptómanos el país sigue subsistiendo. Colombia es tan rica que alcanza el dinero para tantos avivatos. El discurso sobre la honradez y honestidad ya me “saben a cacho”. Por qué no hacemos una cosa. Como hoy todo se legaliza. Ayer el aborto era un delito, hoy es un derecho. Por qué no legalizamos el robo, para que no sigamos hablando de honestidad. La palabra paz ya está bastante trillada. Todo mundo habla de paz y sin embargo, no hay paz en Colombia. Cada quien quiere presentarse con la bandera de la paz, pero al mismo tiempo vive masacrando a sus opositores. ¿Cuál paz?
El discurso sobre los deberes es un discurso obsoleto. La hora 25 es el funeral de los deberes. No olviden que quien impuso la guillotina, Maximilien Robespierre, murió guillotinado.
