La generosidad del pueblo opita
Froilán Casas
La grandeza de un pueblo se constata en la superación de sus desgracias. Hemos pasado por tantos momentos difíciles y, a pesar de todo, hemos salido adelante. En este momento padecemos la pequeña e intensa ola invernal, atípica por cierto, febrero ha sido un tiempo seco. Pero, en fin, bendita agua que nos cae del cielo. Sí, por el mal manejo de las cuencas hidrográficas, por el efecto invernadero, por la falta de planeación, en fin, podemos buscar un sinnúmero de causas, estamos padeciendo la “dureza” de la naturaleza: la solución no es llorar por la leche derramada. Las bocatomas afectadas, los cultivos y viviendas arrasados, las redes del agua obstruidas, entonces, ¿qué hacer? A problemas, soluciones. Todo esto nos duele: ver familias con sus viviendas destrozadas, sus muebles y enseres aniquilados por la corriente estremecedora y hostil. Pero, a la par, la solidaridad de la gente con los damnificados de Campoalegre especialmente y Algeciras, ha desbordado todo límite. Hemos vistos a alcaldes y párrocos que mancomunadamente acuden en auxilio de los afectados. La Renovación carismática católica se lanzó de inmediato a una campaña, con bastante eco, de recolección de alimentos; el banco diocesano de alimentos con sus dos furgones llevando alimentos a los damnificados a través de las parroquias de Campoalegre; las diferentes parroquias de la ciudad de Nieva, prontas a realizar cruzadas en favor de los dolientes. El padre John Cabrera, párroco de Nuestra Señora de La Candelaria de Campoalegre, muy acucioso para organizar la distribución de alimentos y vestuario a los sufridos campoalegrunos que han padecido los desastres; les ofreció la casa de los abuelos para albergar a los despojados, en coordinación con el municipio; la pastoral social de la diócesis de Neiva, ha solicitado de inmediato un apoyo de la pastoral social de la Conferencia Episcopal colombiana, para aliviar la dureza de la ola invernal en tantos hermanos. De las parroquias del occidente: Palermo, Santa María, Yaguará, Íquira y Teruel, sendos paquetes alimenticios en favor de los sufridos, de modo particular de Campoalegre y Algeciras. De Hobo, el párroco mismo encabezando la traída de apoyos a los dolientes de la avalancha en el sector urbano de Campoalegre. ¡Nooh! ¡Qué ejemplo! He visto a los señores alcaldes de Campoalegre, Rivera y Algeciras metidos en el barro auxiliando a sus conciudadanos. He visto al Señor gobernador con su gabinete metido en el pueblo sufriente, tratando de dar soluciones a una comunidad que padece los rigores de los ríos salidos de sus cauces. ¡Nohh! ¡Qué admirable este pueblo huilense! La Cámara de Comercio en Neiva, en cabeza del doctor Ariel Rincón, organizó una campaña para recoger materiales de construcción para los damnificados y hay que ver la cantidad de donantes. La generosidad desborda cualquier meta establecida; mejor aún, la generosidad no ha tenido límites. Alabado sea Dios por tanta gente buena que tenemos. Realmente los malos son pocos. Aprendamos de estas desgracias para que en el futuro no ocurran. Por favor, Secretarías de Planeación municipal, sean estrictas con las normas de urbanismo. Por favor, no le echemos la culpa a Dios por nuestra irresponsabilidad.
