miércoles, 15 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2015-09-07 09:09

La frontera

Gloria Cepeda Vargas

Escrito por: Redacción Diario del Huila | septiembre 07 de 2015

La tragedia desatada en la frontera colombo venezolana, desnuda un problema de vieja data y lamentables características. Un territorio de más de 2000 kilómetros de extensión, olvidado por los gobiernos de uno y otro lado, hierve al descubierto. Siempre fue territorio de caminos verdes, trochas clandestinas, contrabandistas, negociados, pero también asiento de gente que emigraba buscando allá lo que no encontraba acá o se establecía con un pie en Colombia y el otro en Venezuela.

Cuando Hugo Chávez,  henchido de dólares e incienso buscaba votos, nacionalizó a los más de cinco millones de colombianos para obtener su apoyo electoral. Desde los tiempos de Juan Vicente Gómez, el palurdo dictador venezolano, fue la frontera tierra de invasiones, montoneras, binacionalidades, conveniencias disfrazadas de ideales patrios. El contrabando en la línea divisoria del Zulia, Arauca y Táchira, era pan de todos los días. Hoy, con el estruendoso fracaso del gobierno venezolano y la crisis humanitaria desatada por un régimen inepto y corrupto como pocos, esa bomba de tiempo explotó con las consecuencias que están a la vista.

Eso es lo que el iceberg deja ver. Largas filas mendicantes, hombres, mujeres y niños con los pocos enseres  a la espalda, macilentos, terriblemente desprotegidos, a la buena de Dios. Ahí no valieron ni organismos ni derecho internacionales, consideraciones humanitarias o relaciones binacionales. Ahí no se tomaron en cuenta elementales consideraciones ni palabras de gobernantes supuestamente confiables. Ahí lo que afloró, como un géiser pútrido, fue la perversidad humana, la camaleónica condición humana, lo que pueden la conveniencia del momento y la ambición desmedida de poder.

Lo que está sucediendo en Venezuela con los colombianos que ayer sirvieron para sostener el régimen y hoy, arrasados desde la raíz, sirven como cortina de humo  para desviar la atención de la crisis nunca vista en que se debate un país con ingresos fuera de lo común, no es más que la expresión de lo que siempre ha sucedido: la fiera humana en acción. ¿Cómo es posible que algo vital para el equilibrio democrático, dependa de las circunstancias del momento? ¿Existe o no en Colombia  sentido de soberanía? ¿Por qué todos, absolutamente todos los partidos políticos, sea cual fuere su orientación ideológica,  no emiten una protesta decorosa en un momento tan álgido para la dignidad del país?

El portazo de la OEA era de esperarse. Colombia no fue solidaria cuando las circunstancias lo requerían. Ahora todo depende del clima temperamental de Nicolás Maduro. A lo mejor, mañana la frontera se despeja y las dos cabezas de estos inermes países, se junten mientras los eternos desamparados no saben qué sucede ni dónde les será permitido respirar en paz.