La familia
Diógenes Díaz Carabalí
Todavía se menciona a la familia como la célula de la sociedad. Se ha convertido, sin embargo, en la institución más atacada, desde finales del siglo XIX cuando Marx y Engels escribieron “La sagrada familia”, documento visto en su momento como un despropósito en occidente, pero que su pensamiento terminó por imponerse en forma soterrada y clandestina con absoluta agresividad en países que un día se denominaron socialista y, en entornos del capitalismo recalcitrante sin necesidad de mencionar a sus autores.
Tal pensamiento se evidencia en Según Marx, “la esencia del hombre consiste en ser un ente natural ‘genérico’..”. “…los géneros humanos masculino y femenino son un mero producto de la cultura: es la sociedad la que atribuye a la mujer el papel de esposa (…) y al hombre el papel del trabajo (…). Esto no es más que un tipo cultural que puede cambiar.”
Ya había el antecedente de Descartes con su “Pienso; luego existo” (“cogito ergo sum”), frase hecha cliché pero que encierra todo un contenido humano, desde lo político, desde lo social, desde la “identidad de género”, para decir que no definimos nuestra personalidad, nuestra sexualidad, es la sociedad, en últimas la individualidad la que lo hace. La “Identidad de género” surge con posterioridad, aprovechada por los tecnócratas de la economía y el planeamiento, en falso ecologismo, para asexuar, para destruir los roles hombre-mujer, peor ataque que la institución ha padecido por engañoso y subterráneo como ha sido impuesto. Evidente era el pensamiento de Hitler en el sentido de que había que eliminar e impedir nacimiento de idiotas y seres con limitación física. Nietzsche deja su parte con el superhombre, el hombre Dios, el hombre superior.
El agnosticismo y el relativismo escéptico moldean nuestra forma de vida. Desde Kennedy nos han convencido de un estilo de democracia en donde se suceden unos a otros con el mismo objetivo, en obediencia a planes de contexto global, para imponer un hombre solitario, una especie de lobo estepario sin capacidad de asombro y de creación (¿En qué escala está hoy la poesía?). Detrás está el “Informe Kissinger” o “El Memorándum” de Frederick Jaffe relativos a la planificación, a la esterilización, para impedir que la familia se establezca. Cada estado tiene un ente para fomentar la no concepción, la separación de l as familias, el divorcio (Profamilia, nuestro caso). Fomentan la autosuficiencia de hombres y mujeres, el homosexualismo, el lesbianismo, hasta el bestialismo. Algunos han llegado a sostener que existen más de cincuenta sexos.
Ya Mao había sido radical en China: un hijo por familia; hoy el estado chino reacciona frente a una población envejecida; la nueva fuerza laboral está incapacitada para absorber la carga pensional de la gran cantidad de viejos. Europa, no lo hace, ni EE.UU o Canadá, la gran fuerza de trabajo, las generaciones nuevas, son de inmigrantes, por lo general musulmanes quienes no aplican controles de nacimiento. Los moros prometieron conquistar Europa en mil años: parece que lo harán antes, porque la mayoría de mujeres europeas no desean tener un hijo ni formar una familia.
